¿Aires de libertad? Mentira

maria fernanda espinosa

Lenin Moreno se deshizo de algunas de las herencias más opresivas del correísmo: las políticas de propaganda y de hostigamiento, la ideología oficial, la mala leche. Pero se reservó la más vergonzosa de todas: los girones de lo que alguna vez fue la doctrina del Estado ecuatoriano sobre derechos humanos. Ahora el Ecuador duda de la universalidad de esos derechos; los subordina al concepto de la soberanía de los países, que garantiza la no intervención de la comunidad internacional aun en casos de masacre; predica la desconfianza en la sociedad civil organizada para defenderlos y transfiere esa función a las instituciones del Estado. Ya Guillaume Long, canciller de Correa, prendió las alarmas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ginebra con tales excéntricas (y peligrosas) teorías. María Fernanda Espinosa, canciller de Moreno, fue parte del equipo que acompañó a Long en esa misión y ha sido puesta en el cargo para continuar con sus políticas. La posición del gobierno ecuatoriano sobre el fraude constitucional en Venezuela es la exacta aplicación de la doctrina que expuso Long en Ginebra. Una vergüenza. Un harakiri diplomático que nos aísla del mundo. Y una amenaza para todos.

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El Catecismo sobre la Constitución

mural censurado 2

Si el Ecuador es una república, como pretende, no se alcanza a distinguir de qué tipo. No hay valor republicano que salga por sus fueros en este país de miércoles de ceniza, y lo que ocurrió la semana pasada en Quito lo demuestra. Hubo una conspiración religiosa: a la Iglesia católica no le gustó un mural que no estaba hecho para gustarle y lo mandó a censurar por la Alcaldía. Así de simple. Le tomó tres días.

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Admitámoslo: somos un país de mierda

A las mujeres venezolanas las empiezan a acosar el día en que pisan el país. La exuberancia caribeña parece sobrepasar todas las líneas rojas hormonales del mojigato macho andino. Y las represiones sexuales durante largo tiempo contenidas, espoleadas por una posición de poder en la que inciden la pobreza, el desempleo o la falta de papeles migratorios de las víctimas, brotan desenfrenadas y aborrecibles. Hay que oír lo que cuentan estas mujeres, jóvenes como casi todos los emigrantes de su país en el nuestro, muchas de ellas con títulos universitarios y compelidas a trabajar lavando platos, sirviendo mesas o vendiendo arepas en las calles. Sus testimonios son una bofetada en la falsa conciencia que los ecuatorianos hemos construido sobre nuestra supuesta calidad de pueblo amable, generoso, buen anfitrión, cordial con los visitantes, solidario… En fin, todas esas mentiras  que llevamos metidas en la cabeza y que el aparato de propaganda multiplicó durante diez años, cada vez que el lobby o los negocios cataríes de algún Alvarado nos conseguía una candidatura para los World Travel Awards o lo que fuese.

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La farsa del postcorreísmo tiene un nombre: Rodas

¿Qué cosa era el postcorreísmo? Durante el último año del anterior gobierno los ecuatorianos discutimos ese concepto sin cesar. Era una especie de horizonte al cual, lo sabíamos, no bastaría con llegar: una vez ahí había que construirlo. Era una tarea que concernía por igual a políticos como a periodistas, a empresarios y miembros de las élites como a ciudadanos rasos… ¿Qué ocurrió? Da la impresión de que la hemos dejado en manos de Lenín Moreno. Porque la palabra postcorreísmo desapareció de nuestro vocabulario y del debate público ni bien Correa dejó la Presidencia, como si el país hubiera renunciado implícitamente a esa posibilidad. Quizás nada demuestra mejor este conformismo y esta indolencia nacional que la sobrevivencia política (con el apoyo de élites, medios de comunicación y aliados de todos los colores) del más nefasto de los políticos quiteños de la actualidad: el alcalde Mauricio Rodas.

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En defensa de Martín Pallares: carta a Rafael Correa

Economista Correa

“¡Qué asco da cierta gente que todo lo hace con guantes! Incluso los hijos y los millones”, escribió Cesare Pavese a quien usted sin duda no ha oído ni nombrar. De sus hijos, Correa, no voy a decir nada, faltaría más. Pero sí de su fortuna, amasada con los pulcros guantes de su cinismo chocante y miserable. Fortuna hecha con la complicidad de jueces comprados o bajo chantaje y entre los bastidores del sainete en que convirtió usted la formalidad jurídica en este país. Ya consiguió atracar 140 mil dólares a Fernando Villavicencio, Cléver Jiménez y Carlos Figueroa. Ahora, cuando nos creíamos al fin libres de su impertinencia y su codicia, de su desprecio por la ley y su utilización de los tribunales en su propio beneficio, todavía tiene la desvergüenza de intentar, con juicio penal de por medio, meter la mano en el bolsillo de un periodista, Martín Pallares, a quien usted personalmente empujó hacia el desempleo. Primero lo deja sin trabajo y luego quiere sacarle plata. Con guantes blancos. Da usted asco.

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El periodismo es un asunto personal

orque

2016 será un año de definiciones electorales: el correísmo celebrará su convención nacional y pondrá en escena, como en ocasiones anteriores, el gran montaje de la democracia interna para ungir a un candidato que habrá sido previamente designado por el presidente.

2016 será un año de recesión económica galopante: Rafael Correa gobernará, como viene haciendo desde diciembre, con todas sus energías puestas en la urgencia de llegar al 30 de cada mes y seguir vivo, objetivo que se volverá cada vez más difícil de alcanzar a partir del segundo semestre del año.

2016 será un año de propaganda aplastante: el gobierno maquillará, como ya es norma, todas las cifras disponibles y duplicará sus esfuerzos para mantener a buen recaudo del público la parte más comprometedora de la información pública. Mientras tanto, la comunicación oficial se concentrará en la construcción del mito de la revolución ciudadana, esfuerzo que desde ya ocupa la mayor parte de las sabatinas presidenciales.

Una sociedad desinformada requiere el correísmo para cumplir estos propósitos. Desinformada y en consecuencia adormecida, porque la información es el combustible que pone a trabajar los cerebros de las personas y sin ella no hay formación de opinión posible. Por eso 2016 será, ya es, otro año de guerra oficial contra el periodismo. Y, al mismo tiempo, es el momento en que el periodismo se vuelve más necesario, más urgente.

2016 es, por lo difícil, un año para no abandonar el periodismo. Un año para salir en defensa de este oficio sin el cual no hay ciudadanía ni democracia posibles. Sigue leyendo

Diciembre cantando: ¿con bemoles, Presidente?

Según el Presidente, pasaremos diciembre cantando. Pero hay muchas preguntas que aguan la fiesta. Carta abierta de José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar a Rafael Correa.

 

Señor Presidente,

Usted había prometido ser muy creativo en la coyuntura actual. La verdad lo ha sido. Tanto, que el país no alcanza a imaginar, como usted mismo reconoció en su última sabatina, todas las cosas que usted y su gobierno han hecho para tapar unos huecos con otros huecos. El año termina con una retahíla de buenas noticias sobre créditos e inversiones, pagos puntuales de deudas, aguinaldos y su alegre promesa de que “vamos a pasar diciembre cantando”. Sigue leyendo

La paradoja de Trasímaco: de cómo un doctor honoris causa puede causar vergüenza ajena

Considerando la recesión económica y el posible desastre que se avecina, este artículo carece de importancia. Es un simple ejercicio de asociación libre de ideas a partir de un puñado de declaraciones del presidente de la República sobre su viaje a Francia. Salta de un tema a otro con desenfado y sin concierto. Hay, sin embargo, un hilo conductor: la fatuidad del presidente y sus títulos honoris causa. Lo dicho: carece de importancia.

En la última sabatina antes de su viaje a Francia Rafael Correa hizo como que ya perdió la cuenta del número de doctorados honoris causa que ha coleccionado. “¿Cuántos tengo?”, preguntó pidiendo auxilio a sus asistentes con su característica sonrisa agria. “¿Trece, catorce?”. De todos los personajes que ha representado éste es el menos verosímil. Porque vamos a ver: ¿cómo hace un presidente para conseguir en ocho años el doble de títulos honoris causa de los que consiguió Albert Einstein en su vida entera? Pues fácil: poniéndole empeño, dedicándose. Y cualquiera que conceda tanta importancia a una tarea tan vacua no puede menos que mantenerse al corriente de los resultados. Sigue leyendo

Ministro Serrano, la Policía no es su fuerza de choque

Señor ministro del Interior:

Ya no sorprende su versión sobre los hechos de violencia del pasado 3 de diciembre. Ya no sorprende oírlo mentir con una solvencia que sólo pudo haber aprendido de su jefe, el presidente de la República. Ya no sorprende verlo a usted representar con él, cada sábado posterior a una manifestación importante, el ridículo sainete del policía bueno y el policía malo: el presidente exigiendo más represión, más detenidos, menos tolerancia; usted llenándose la boca con aquello de “el uso progresivo de la fuerza”. Desde junio venimos asistiendo a este espectáculo de miseria. Sigue leyendo

Gorilas 1 – Correa 0

Hay que oír a Rafael Correa cuando no le queda más remedio que criticar a los militares: cuidadoso, vulnerable, con pies de plomo, con guantes de seda. Se le quita lo gallito.

Sabatina 450 (ya sólo faltan 78 y a él mismo le parecen demasiadas): el presidente arremete contra Juan Pablo Albán, abogado de derechos humanos que actúa como defensor de las víctimas (tres ex guerrilleros de Alfaro Vive Carajo) en el juicio por crímenes de lesa humanidad que se sigue contra siete generales de las Fuerzas Armadas. Le dedica “la cantinflada de la semana” y lo llama “seudoactivista de la gallada de la CIDH”. Es la sexta vez que Correa insulta a Albán en su monólogo de los sábados. Ya antes lo había calificado como “miserable tirapiedras”. De ahí para arriba (o para abajo, según se mire). En cambio al alto mando, a los treinta generales que esta semana acudieron al juzgado con sus uniformes de gala y sus condecoraciones para respaldar a los acusados y presionar a las cortes sin el menor sentido no digamos del tacto sino de la decencia, a ellos… ¡Ah! A ellos se dirige “con todo cariño”. Ante ellos baja el tono, mide sus palabras. Y asegura que “no lo hicieron con mala intención”. ¡Qué va! Su demostración de fuerza es apenas “inoportuna”, “no pertinente”. ¿Quisieron intimidar a los jueces?, se pregunta el presidente. Y se responde: “Dios no quiera”. Sigue leyendo