El periodismo correísta sí tiene quien lo premie

Entre el periodismo y la propaganda media un abismo. El primero, incluso cuando se ejerce desde una posición muy definida y más o menos explícita, ofrece a su público elementos para interpretar los hechos y tomar decisiones; la segunda, aunque se practique dentro de los límites de una decencia poco usual en estos pagos, procura a sus interlocutores una realidad ya masticada y pretende decidir por ellos. El periodismo complejiza la realidad; la propaganda la simplifica. Aparte de compartir ciertos canales y soportes físicos no hay nada en común entre ambos oficios.

La pieza de propaganda que el aparato correísta ha puesto a circular a propósito de la marcha de protesta convocada por los movimientos sociales es un ejemplo de simplificación de la realidad. En ella, la gran concentración del pasado 17 de septiembre aparece reducida a uno solo de sus múltiples aspectos: la violencia. Esa violencia, que sólo se produjo al final, se muestra como expresión de los afanes desestabilizadores de los chicos malos y no como el resultado de la decisión policial de desalojar la plaza de San Francisco, como ocurrió. La manifestación en sí misma aparece aquí como un acto de maldad: no hay motivos, no hay reivindicaciones, no hay causas ni principios. Simplemente los violentos, “secundados por la oposición y cierta prensa”, quisieron cascar a unos cuantos policías así que convocaron a una manifestación para hacerlo. Canallas. Hay que decir que la locución original, que correspondía a la insidiosa voz de Douglas Argüello, fue sustituida por otra más amigable en la versión que empezó a circular en la TV desde hoy, 19 de noviembre. Acaso alguien les dijo que las voces ponzoñosas, más que generar respaldos, los retrata de cuerpo entero. Qué bueno.

Eso ocurre del lado de la propaganda. Del lado del periodismo, en cambio… ¡caramba, qué coincidencia! Del lado del periodismo ocurre lo mismo. El noticiero correísta de Ecuador TV presentó la información en los mismos términos: los sindicatos convocan a una movilización de la que se ignoran los motivos; lo hacen “con un discurso ya conocido” (a diferencia del discurso correísta, hay que suponer, que siempre nos sorprende con hallazgos nuevos), y aseguran que será una movilización pacífica, pero “este tipo de anuncios no son convincentes”. Recuérdese la marcha del 17 de septiembre, que tampoco tuvo motivos conocidos más allá de las protervas intenciones de generar desorden y cascar a unos cuantos policías. Porque quienes participan en estas movilizaciones son violentos, son desestabilizadores, son malos. Cualquier persona que, sin conocer los antecedentes, se enterara de la noticia a través del noticiero de Ecuador TV, se preguntaría por qué la gente decidió manifestarse el 17 de septiembre y por qué lo hace ahora, y sólo podría encontrar una respuesta: por joder.

Con las necesarias diferencias de estilo (faltaría más) la propaganda y el supuesto periodismo del supuesto medio público transmiten un idéntico mensaje. Hasta las mismas imágenes utilizan, de suerte que uno se pregunta quién se las facilitó a quién: la redacción de Ecuador TV a la Secom o la Secom a la redacción de Ecuador TV (si es que hay alguna diferencia).

Pero hay algo más: esa pieza informativa que simplifica la realidad, que distorsiona los hechos a fuerza de sacarlos de contexto, que divide al país en buenos y malos y que cumple, en fin, una función propagandística, esa pieza informativa fue transmitida desde la Segunda Cumbre para un Periodismo Responsable (Cupre) sin que a nadie se le subieran los colores al rostro. Periodismo responsable.

La Cupre es un gran acontecimiento académico de masas que organiza el correísmo para dotar a su aparato de propaganda de justificación teórica internacional. Un buen número de intelectuales chavistas o kirchneristas, simpatizantes de Podemos o funcionarios de Ciespal, prometeos y otros asalariados están dispuestos a dársela con muy buena voluntad. En esta ocasión la Cupre terminó con el llamado del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, a multiplicar los medios estatales (tal cual: estatales, no públicos) y la entrega de los premios de periodismo Luciano Coral Morillo a varios de ellos: El Telégrafo, agencia Andes, El Ciudadano… El Ciudadano es un medio correísta que ni siquiera recurre al subterfugio de lo público para justificar su financiamiento, sino que se presenta abiertamente como el órgano oficial del Gobierno. Para que no haya dónde perderse.

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