Un zorro con sueños de perro

La gran noticia debía producirse el domingo 7 de diciembre a las dos de la tarde. La campaña había sido intensa en radio, televisión, redes sociales, vallas publicitarias de las grandes, gigantescas como esa que el Ministerio de Agricultura con su logo bien visible en una esquina colgó de la azotea de su edificio, que es una ancha mole, hasta cubrirlo casi todo:

“Vota por Quito. Tendremos una de las 7 ciudades maravilla”.

Como hace un año la Megan en el mismo sitio. Así de importante parecía lo que estaba en juego. Al menos tanto como el 30-S, que en la mitología correísta es decir mucho. Y no solo el ministerio de Agricultura, todas las instituciones del Estado estaban convidadas a participar en la campaña con sus esfuerzos comunicacionales (¿y presupuestarios?) mientras en las redes sociales los funcionarios y militantes no daban tregua. Cada pieza propagandística producida por la Secretaría de Comunicación era inmediatamente replicada cientos de veces. Que nadie diga después que las uvas estaban verdes: se emplearon a fondo para conseguir el título. Y contaron las horas.

El viernes 5 de diciembre, cuando la ciudad se entregaba a sus fiestas con el desenfreno que la caracteriza, tuitearon: mañana último día, vota por Quito. Y el sábado 6, sin parar: hoy último día, vota por Quito. Esa noche a la siete, cuando faltaba poco para el cierre de las votaciones el Presidente de la República intervino: “Nuestro Quito luz de América está a un paso de ser una de las 7 ciudades maravilla del mundo. ¡Tod@s a votar!”. 1.400 retuits de este mensaje se difundieron en cuestión de minutos. Y a la mañana siguiente, a las siete, mientras la ciudad dormía su resaca, el secretario general de la Administración, Vinicio Alvarado, encontraba aún la energía para compartir con el mundo su nerviosa expectativa: “Just 7 hours to go before the announcement”, faltan siete horas.

Sólo siete horas. La organización internacional New7Wonders, una venturosa combinación entre Fundation y Commercial Operation con sede en Dubai, establecida por un aventurero suizo canadiense (aviador, explorador, cineasta, auténtico Howard Hughes del siglo XXI) con el fin de ofrecer atractivas Bussines opportunities para la élite del jet en cualquier punto de la tierra, una organización internacional, en fin, digna de más crédito y mayor reconocimiento que tantas otras que amenazan nuestra soberanía y no ofrecen Business opportunities para nadie, como la CIDH o Reporteros Sin Fronteras, estaba a punto de introducirnos en los rentables senderos de la nueva historia. Quito, Luz de América, Carita de Dios, Primer Destino Turístico de la región y Capital de la Patria Grande sería también Ciudad Maravilla del planeta, abierta más que nunca a la inversión de capitales cataríes. El Estado entero acarició ese sueño, sueño de perros. Pero no ocurrió.

El reloj dio las dos de la tarde del domingo 7 y toda esa ruidosa actividad en las redes sociales cesó de pronto. Los funcionarios e instituciones del Estado que venían contando los minutos para dar la buena nueva se sumieron de un golpe en el más estruendoso de los silencios. Las dos y cinco y nada. Las dos y diez y nada. Las dos y cuarto y nada. A las dos y veinte cualquier tuitero con dos dedos de frente supo, sin necesidad de acudir a la página web respectiva, que habíamos perdido. Nos superaron La Paz y La Habana, con votos ecuatorianos sin duda, porque cada votante tenía que seleccionar no una sino siete ciudades y es simplemente inimaginable que los altivos y soberanos hijos de la Capital de la Patria Grande no consideraran a La Paz más maravillosa que Venecia. Va de gustos.

El caso es que nadie dio la noticia. El silencio oficial duró hasta las dos y cincuenta de la tarde. A esa hora salió la zorra y dijo las-uvas-están-verdes, o sea que @MashiRafael tuiteó: “Quito SIEMPRE ha estado entre las ciudades maravillas. Solo queríamos que el mundo lo supiera”. Más claro: al cabo que ni quería. Resulta gracioso y era inevitable: las fábulas no llevan ahí 2.500 años por nada. En este caso particular, lo que Esopo trataba de decirnos es que a todo zorro fatuo con sueños de perro le llega el momento de decir las-uvas-están-verdes, sólo es cuestión de tiempo.

Vinicio Alvarado no dijo nada pero se puede suponer que en ese momento empezó para él una febril actividad secreta: la búsqueda del premio consuelo. El secretario general de la Administración se movió rápido. No tardó cinco horas en conseguirlo. Así, antes de que cayera la noche de ese mismo domingo 7 de diciembre y como si la organización New7Wonders no existiera ni hubiera existido nunca, tuiteó con más descaro que entusiasmo: “Ecuador recibe el premio a Mejor Destino Verde del Mundo @WTravelAwards ¡Este premio es de todos!”.

¿El premio qué? Y esto ¿les gustará a los cataríes? Seguro que no le harán feos. Si la New7Wonders es la operación comercial más vistosa de la industria del turismo, los World Travel Awards son el feliz punto de encuentro de lobistas, intermediarios del ramo y funcionarios de la élite del jet. Hay que echarle un ojo a su página web: desde el logotipo dorado que impone una inédita configuración estilizada de Atlas en versión Ayn Rand para principiantes hasta la lista de socios alrededor del mundo, pasando por las imágenes de las galas y las celebraciones, los trajes de etiqueta, las exóticas sedes en las islas del Pacífico o del mar Egeo, todo, todo destila Business opportunities a manos llenas. Considerando los millones que el Estado ecuatoriano ha invertido en cabildeo a través de firmas especializadas en Estados Unidos, este resulta un premio más que merecido.

Además tiene un componente verde de altísima utilidad política. Ya sirvió en la última sabatina para que el Presidente desestimara los resultados de un estudio internacional según el cual el Ecuador es uno de los ocho países más depredadores de la naturaleza en el planeta, un estudio seguramente producido por alguna organización tan ridícula que no ofrece oportunidades de negocios para los ministros. ¿Cómo vamos a ser un país depredador de la naturaleza, dijo más o menos el Presidente el sábado 13, si acabamos de ganar el premio a mejor destino verde del mundo en los World Travel Awards? A ver digan, ¿cómo?

Polifuncional resultó el premio consuelo. Y lo más importante de todo: parece que también hay jeques implicados. El Ecuador puede respirar tranquilo.

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