Jordi Évole y la negligencia primermundista

El secretario general de la Administración del Ecuador, Vinicio Alvarado, en un arrebato de sinceridad que se agradece, comparó al correísmo con el fascismo de Mussolini y de Franco. Dijo que esos gobiernos, lo mismo que el suyo, tuvieron muchas cosas buenas más allá de la política; ellos también desarrollaron a sus países; ellos también construyeron carreteras. Es verdad. La bonanza económica de España durante la década de los sesenta, por ejemplo, es un mérito que nadie puede negárselo a Franco. En esos años España mantuvo un crecimiento sostenido del siete por ciento, sentó las bases de su industria y se afianzó como potencia turística mundial gracias a la inversión en infraestructura, hasta el punto en que se llegó a hablar, seguramente con exageración, de un milagro español comparable al alemán.

Lo que pasa es que, cuando se revisa los expedientes del franquismo en materia de derechos humanos y se observa sus cárceles llenas de presos políticos, la proscripción de partidos, los fusilamientos y la supresión de libertades públicas, cualquiera pierde las ganas de celebrar los logros económicos. Un periodista extranjero que, en esa época, hubiera viajado a España para entrevistar a Franco sobre esos logros de forma que el dictador apareciera como ejemplo para países menos desarrollados no sólo habría cometido una torpeza política sin nombre: habría hecho un flaquísimo servicio a los españoles al ayudar a consolidar la imagen internacional del viejo crápula.

Eso que con Franco habría sido inadmisible es lo que acaba de hacer el periodista español Jordi Évole con Rafael Correa. Ya, que Correa no es Franco, que no ha fusilado a nadie, apenas ha institucionalizado el asesinato simbólico y el insulto como recurso habitual del debate público (se dice fácil). No le hace. Évole llega a un país donde no existe independencia de funciones, donde la tesis oficial al respecto, proclamada por el propio secretario general del partido en el Gobierno, es que Montesquieu y su teoría de los tres poderes han sido superados; un país cuyo Presidente emprende una reforma del sistema judicial con el objetivo confesado de “meterle la mano”;  un país donde el secretario jurídico de la Presidencia dirige cartas amenazadoras a los jueces para recordarles lo que él considera son sus obligaciones; un país donde las organizaciones sociales se controlan por decreto;  un país donde se proscribió una organización ecologista con el argumento de que se metió en política, como si la militancia ecologista pudiera ser otra cosa que política; un país donde el Estado ha declarado la guerra a los medios de comunicación que no controla; un país donde la Constitución aprobada por el pueblo está a punto de ser reformada sin consulta democrática para permitir, entre otras cosas, la reelección indefinida del caudillo; un país que ya cuenta sus primeros muertos entre los líderes indígenas que se oponen a la extracción minera en lugares de altísima biodiversidad que además forman parte de sus territorios ancestrales; un país que reconoce el estatus beligerante de las FARC pero acusa de terroristas a sus dirigentes sociales, y donde los estudiantes de colegio que salen a manifestarse y quiebran un vidrio son encarcelados por meses y condenados por el delito de rebelión; un país cuyo gobierno, lo mismo que el de Fujimori o el de Videla, se ha propuesto acabar con el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que durante décadas ha sido el último recurso de los perseguidos y los torturados en el continente… En fin; Jordi Évole llega a ese país para entrevistar a su Presidente y el resultado es un programa de televisión en el cual se consagra a ese Presidente como ejemplo para el mundo, especialmente para España y el resto de países endeudados de la Europa en crisis. Una ingenuidad política imperdonable en un periodista de su experiencia y un flaco, flaquísimo servicio para los ecuatorianos.

¿Ingenuidad o negligencia? Cuando uno observa el programa de Évole, que en realidad no trata sobre el Ecuador sino sobre España y, concretamente, sobre la deuda española, es imposible no pensar en Julien Assange. El hacker australiano, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres y considerado por muchos como un apóstol de la libertad de prensa, tiene del Ecuador –país del que lo ignora todo– un concepto más bien pobre. De haber vivido en el Ecuador, Assange probablemente estaría preso y con toda seguridad enjuiciado por atreverse a publicar documentos reservados. Cuando en CNN le pusieron esa realidad por delante y le preguntaron sobre los difíciles momentos que atraviesa la libertad de prensa en el Ecuador, este apóstol de la libertad de expresión respondió: “Ecuador es un país insignificante”. Esta semana repitió algo parecido en una entrevista con Perfil.com. Le preguntaron si no le preocupaba asilarse en Ecuador, “un país que no tiene fama de tratar bien al periodismo”, y contestó: “no entiendo por qué estamos hablando de esto”.

Y sí. Ecuador es un país pequeño que no pinta mucho en la geopolítica mundial. Sin embargo, los ecuatorianos creíamos merecer al menos un poco de solidaridad internacional cuando se atropellan nuestros derechos y se disminuyen nuestras libertades. Especialmente de gente tan abiertamente identificada con la izquierda o aparentemente tan preocupada por las cuestiones sociales, los derechos de las minorías y la resistencia de los indignados, como Julian Assange o Jordi Évole. Gran error. Esa arrogancia primermundista según la cual la política es algo que sólo ocurre en los países importantes está hoy tan vigente como siempre. Parece una actitud tan natural que probablemente Jordi Évole ni cuenta se dio de lo que hizo. Así, mientras el correísmo sea funcional al proyecto político de Podemos o lo que fuese, los ecuatorianos deberemos sufrir nuestra propia insignificancia y sentarnos a contemplar cómo el prestigio político de nuestro caudillo se afianza en el planeta.

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4 comentarios en “Jordi Évole y la negligencia primermundista

  1. Sigo a Jordi Évole, catalán como yo, desde hace bastante tiempo. Y me encanta. Recuerdo cuando fue a Venezuela, Chávez no quiso que lo entrevistara, pero se plantó delante de Miraflores y le gritaba, demostrando que no le temía (en España, el personaje de Chávez se solía tratar cómicamente). Pero la entrevista a Correa fue muy decepcionante. Seguramente, Jordi Évole conoce poco o nada la realidad del Ecuador (lo cual demuestra esa negligencia con la que Roberto Aguilar titula este artículo), es incluso posible que haya estado un poco cohibido por la parafernalia de palacio y hasta que haya tenido poco tiempo para la entrevista. Además, estaba mal informado (más negligencia) y creo que acabó sin entender que la tesis con la que venía -que Ecuador dejó de pagar su deuda-, no ea cierta, que lo que hizo el gobierno de Correa -como habían ya hecho muy correctamente gobiernos de otros países antes que él- fue negociar el pago a la baja con los “buitres” de turno. Quería demostrar que había otra manea de gobernar, pero …¡la deuda ecuatoriana nada tenía que ver con la española! Y España esta en la UE y no puede hacer ciertas cosas por su cuenta (con esto, no quiero decir, para nada, que yo esté de acuerdo con lo que ha hecho y hace el gobierno de Rajoy…). Como ha explicado muy bien Roberto Aguilar, era un programa hecho para España y lo de Ecuador era meter un poco de pimienta en el plato. En todo caso, el presidente Correa siempre a lo suyo. contestando …con preguntas. ¡Cuánta demagogia! El ejemplo es Ecuador, claro. Mientras a España le prestan al 2%, a Ecuador le prestan al …7.5%. Esto es, precisamente y contrariamente lo que Correa quiere hacer entender, por la diferencia de calificación crediticia. Además, los presupuestos ecuatorianos están basados en precios del petróleo, que nunca habían estado tan altos como lo están ahora (incluso con la baja de las últimas semanas). La que se viene… ¿Las fortunas venezolanas en Miami? Sí, las de los boliburgueses. Que pregunten al “Tuerto” Andrade… ¿La libertad de expresión plena en Ecuador? ¡Cuánta mentira, por favor…!

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  2. El origen y prolongación de “la larga noche neopopulista bolivariana” tiene varios padres que hoy ocultan sus rostros:la partidocracia-hoy en manos del cesarismo correísta-,una prensa amordazada ,mediocre, clasista y cobarde-con la excepción del Diario Hoy,que sufrió un naufragio inducido, al que lo dejaron sin protección alguna-, debilidad institucional,prostitución de una incipiente democracia, la sombra envolvente del exdueño del país, que comparado con el actual resulta ser un niño de pecho, inveterada incultura política,corrupción galopante,y un largo etcétera que debe llenarnos de vergüenza.Si a todo esto le sumamos la tragicómica figura de Alvarito Noboa- no puede ser posible que alguien se pueda vanagloriar de haberle ganado una elección , pues siempre fue el candidato más vulnerable- con el terco capricho de ser el presidente de su república bananera;el fuego verbal del pintoresco coronel Chávez-nacido del incesto de los adecos y copeianos-que se propagó como mancha de aceite gracias a la lotería del precio del petróleo, la gestación del “producto” que hoy sufre el Ecuador era totalmente predecible.
    La “burbuja del petróleo” ha hecho posible una sucesion de milagros económicos que siempre causan asombro por todo lo que muestran: carreteras,autopistas, aeropuertos,parques tipo Disneylandia,escenificación de mundiales,multiplicación de megaproyectos. En otras palabras, quienes lo administran buscan llenar el ojo a la masa mientras se ocupan de “meter la mano” en los bienes públicos sin control alguno. Nadie tiene derecho a pensar o criticar al Estado paternalista que todo lo provee.
    Ecuador ya jugó la ruleta rusa, y sus consecuencias están a la vista. El bipartidismo putrefacto de España-con la irresponsable complicidad de los medios , de sus instituciones , y otro largo etcétera ya referido en el párrafo anterior- vivió “surfeando” en la “burbuja inmobiliaria”, y todos convinieron en levantar y promover la enorme mentira del milagro español, de la zarandaja de la “marca España”.
    A mi no me extraña la “manito” que Évole le brinda al “proyecto” ecuatoriano sin fecha de expiración-no importa que este“producto” expirado impida la recuperación de la tan alicaída democracia-, porque la crisis que vive su país despues que se pinchó la burbuja lo
    va a llevar a “jugar la ruleta rusa”.
    El animador de este juego fatal se llama Pablo Iglesias, cuyo movimiento PODEMOS ha pateado el anacrónico tablero político español. Es decir, Pablo Iglesias- que no tiene la culpa de haber tenido un nacimiento forzado por las circunstancias¿sietemesino?-ha levantado ampollas en la “casta” y en los medios de comunicación. La gente que ha sufrido el paro y la estela de los golpes de la crisis, está al borde de lanzar la lava ardiente de su rabia jugando a la ruleta rusa. Pablo Iglesias podría ser otro de los “productos” engendrados por la corrupción y la irresponsabilidad de vivir envueltos en mentiras elaboradas por la demagogia.
    Así, tanto para Ecuador y para otros pueblos que se quejan de la “larga noche populista neoliberal”, se aplica esta vieja amonestación:“Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre”.
    Yo, por mi parte-sin dejar de servir hamburguesas a los gringos para sobrevivir-,sigo al pie de la letra el sabio consejo del “inmortal”Franco:“Hagan como yo, no se metan en política”.
    Carlos Barrezueta

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