A Guayasamín le nació un hijo feo

¿Qué habrá que hacer con el mural de Pavel Égüez en la esquina de la Fiscalía cuando esto haya terminado? Pastiche hecho de sobras de estilos trasnochados, refrito de los lugares comunes más vetustos del repertorio visual estalinista, chapuza ideológica con lo peor de la iconografía caduca de Guayasamín pero sin la cuarta parte de su técnica, panfleto vociferante, violencia ejercida contra el peatón, el mural de Pavel Égüez parece estar ahí para recordarnos en manos de quiénes estamos, para que tengamos presente la estatura de aquellos que dicen estar transformando el país y para que, al situarlo en el contexto de una ciudad que se mueve en el sentido exactamente opuesto al que ese mural representa, consideremos cuán despistados, cuán perdidos, cuán lejos están de la contemporaneidad y de la gente.

Cuando esto haya terminado el mural será un problema para la ciudad. Sobre todo porque incluye, en su propuesta demagógica y oportunista, las figuras de algunas víctimas de las violaciones de los derechos humanos en el Ecuador, gente querida por todos, como la familia Restrepo, que se merece un mejor homenaje. Así que la conservación de ese bodrio se convertirá, para nuestra desgracia, en un asunto de delicadeza política.

Todo arte oficial es una rémora pero el arte oficial del correísmo, en tanto régimen de pocas luces y no precisamente muy intensas, es un lastre por partida doble. Sus referentes estéticos son de una pobreza que apabulla. Ya en las últimas décadas del siglo pasado la persistencia del mito de Guayasamín en el arte ecuatoriano, que generaciones de artistas sintieron como una tiranía, era un síntoma de que algo andaba fallando en el país en el campo del pensamiento y de la crítica. Pero que veinte años después de muerto, en pleno siglo XXI, llegaran estos señores para reafirmar desde el Estado la supremacía absoluta de ese mito y para erigir ese estilo en una suerte de arte oficial ecuatoriano, eso sólo puede ser una prueba de la parálisis mental de que adolece el correísmo.

Pintor de bolívares y manuelas, cultor de indigenismos anacrónicos y reproductor de iconografías de la lucha de los pueblos, Pavel Égüez es la figura perfecta para ocupar el lucrativo lugar de continuador de la obra de Guayasamín. Todo lo que hace es tan reconocible, tan fácil de predecir y tan complaciente con su público, es decir, tan opuesto a lo que debería ser el arte de nuestro tiempo, que para el correísmo resulta el artista ideal. Con alguien como él no hace falta arriesgarse con concursos de impredecibles resultados. Basta con elegirlo a dedo.

Hace tres años, por ejemplo, cuando el Ministerio de Cultura quiso levantar un monumento a Eloy Alfaro, santo patrono del correísmo, en el sitio de su inmolación en El Ejido, debieron llamar directamente a Pavel Égüez. ¡Cuántos disgustos se habrían evitado! Pero no: cometieron el error de convocar un concurso de proyectos artísticos y, peor aún, nombrar un jurado que tenía una idea bastante contemporánea del arte público y sabía exactamente lo que hacía. Bastaba con observar el diseño gráfico de la convocatoria y recordar el esperpéntico mausoleo erigido en Montecristi para comprender que lo que el correísmo esperaba de este concurso era un gigante broncíneo y musculoso rodeado de alegorías del progreso, un coloso con pose hierática y mirada puesta en el infinito, posiblemente un obelisco formado por rieles de ferrocarril, un altar hecho de columnas dóricas en cuyo centro se desplegase un pergamino con alguna frase célebre del Viejo Luchador que funcionara como el equivalente alfarista de “somos como la paja del páramo”, en fin: con cualquier híbrido indigerible de realismo socialista con arquitectura neoclásica el Ministerio de Cultura se habría dado por servido. En su lugar el jurado eligió, horror de los horrores, una obra abstracta: una composición de luz y movimiento proyectada por Tatiana Trokhimtchouk. El desconcierto de las autoridades de cultura, su irritación y su falta de comprensión absoluta de la obra fueron relatadas con detalle en una crónica.

Ya pasaron dos años y diez meses desde que el proyecto de escultura de Tatiana Trokhimtchouk fue seleccionado y nadie en el régimen correísta parece tener la menor intención de construirlo. Al parecer una obra abstracta no les sirve para dar lecciones de nada. En ese lapso, en cambio, el Estado ecuatoriano ha movido la obra de Guayasamín por donde ha podido y Pavel Égüez no ha parado de producir: desde la sede de la Unasur hasta la ciudad española de Cádiz, el primero; desde la Fiscalía General del Estado hasta la ciudad de Guatemala, el segundo… Acontecimientos artísticos en los que se tira la casa por la ventana y que suelen contar con la presencia de las más altas autoridades del Estado, usualmente el propio Presidente, que contribuyen a oficializar esta versión del arte público entendido como el más descarnado de los panfletos y la más sufridora, esa sí sufridora y lánguida interpretación del mundo y de la vida. Esta estética oficial recoge muy bien la amargura, la frustración y la rabia proverbiales del correísmo. Si a cada estilo de arte corresponde una visión de la sociedad, en esta se encuentra fielmente representado todo lo que los correístas no entienden de su país y de su siglo.

Anuncios

7 comentarios en “A Guayasamín le nació un hijo feo

  1. Siempre acertado y oportunos los artículos de Roberto, sin embargo soy de Cuenca, no he podido mirar el muro y apreciarlo por mí misma… de todas maneras si viene del oficialismo, viene seguro con la misma tónica uniformista de un desgastado discurso con el cual ocultar sus intenciones de perpetuación del capital en el país.

    Me gusta

  2. Yo entiendo que se pueda criticar a un autor o creador desde cierta óptica política e intentar hacerlo desde lo artístico, más interesante aún descifrar los entramados de la propaganda como arte o el arte en tanto propaganda-Diego Rivera?- pero solo encuentro insultos hasta el odio contra Pavel Egüez a quien no conozco y varias salpicadas para Guayasamín, sin mucha sindéresis y frenesí de histeria en un lenguaje que no demuestra análisis alguno…me decepcionó leerlo, pensé me iba a asombrar…

    Me gusta

  3. Visible es el poderío que intenta manifestar el recuadro del autor Eguez. Manipulado, y no por esto alejado de la tiranía actual, por los dueños del estado de turno. El mural esta estratégicamente ubicado, como grito de amenaza hacia quien levanta la cabeza y lo observa. “No te vayas en contra del gran hermano o las consecuencias serán estas; o peores”. No es coincidencia que este ubicado en los muros gigantescos que amurallan la fiscalía. La continuación queda a criterio propio.

    Me gusta

  4. Señor Aguilar: LE FELICITO por sus crónicas . Gracias a personas como U., hacen que los tiranuelos del mundo se sofoquen y los pueblos comiences a recapacitar y darse cuenta que el ¨”Gran Hermano” es una aberración sumamente peligrosa

    Le gusta a 1 persona

  5. Un parto de los montes para eternizar “la larga noche populista bolivariana”: el mural que recordará que no hay más que un sólo paso de lo sublime a lo ridículo. Una afrenta “paveliana” al arte, a la estëtica ,y un homenaje a la ceguera histórica.!Un hijo más ciego y feo que Polifemo!

    Le gusta a 1 persona

  6. «En una sociedad decadente, el arte, si es veraz, debe también reflejar la decadencia. Y, a menos que quiera traicionar su función social, el arte debe mostrar el mundo como algo en continuo cambio. Y ayudar a cambiarlo».
    Ernst Fischer

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s