El Cordicom y sus delirios

Los semiólogos de intendencia del correísmo acaban de parir un nuevo monstruito muy conceptuoso: la “pertinencia cultural”. Ahora los “contenidos comunicacionales”, para merecer la aprobación de secomes, cordicomes y supercomes, no sólo tienen que ser incluyentes, participativos y multiétnicos, sino también “culturalmente pertinentes”. Con este hallazgo conceptual quedó zanjado el debate que se produjo en torno a la campaña municipal contra la violencia machista cuya consigna era “Si ser puta es ser libre y dueña de mi cuerpo, soy puta y qué”. ¡Cuánta impertinencia! (cultural, se entiende).

Una de las vocales del Cordicom, Paulina Mogrovejo, salió a dar las explicaciones del caso en una entrevista con El Telégrafo que conviene conservar: cuando esto haya terminado, será un documento elocuente sobre el delirio tecnocrático que condujo a los correístas a pensar que podían administrar la sociedad desde el Estado.

Según explicó la vocal Mogrovejo, el Cordicom cree que la palabra puta viola los derechos humanos de las mujeres. Una batalla simbólica y cultural se libra desde hace cuarenta años para extirparla, de ahí que ese y otros términos peyorativos no se puedan usar sin “una socialización previa con los ciudadanos para que comprendan el contexto”. Así dice ella. En serio. Sólo esa socialización y esa “contextualización histórica y cultural adecuada” otorgarían a la palabra puta la pertinencia cultural necesaria para que pueda ser utilizada en una campaña.

Al primero que le chirrió eso de la pertinencia cultural fue al periodista Iván Flores. Como no terminaba de entender qué diantres quería decir con eso la vocal Mogrovejo, se lo preguntó por Twitter. Sentenciosa y semiótica, la funcionaria contesto que pertinencia cultural es “comprensión de la diversidad en la carga simbólica” de la palabra puta. Muy conceptuoso, sin duda, pero indescifrable. La verdad que se desprende de la entrevista es más sencilla: es culturalmente pertinente aquello que no ofende a nadie. ¿No habíamos quedado ya en que a los negros hay que decirles afroecuatorianos, invidentes a los ciegos, adultos mayores a los ancianos y trabajadoras sexuales a las putas? Pertinencia cultural, pues, es un eufemismo para no decir corrección política, que es otro eufemismo para no decir hipocresía. Eufemismo de un eufemismo: sin darse cuenta, el Cordicom se acaba de mandar una metáfora de tercer grado. Y con metáforas de tercer grado pretende reglamentar el debate público.

Lo más curioso de todo es la creencia de que la sociedad ecuatoriana no está preparada para el brutal impacto que produce la palabra puta cuando está impresa. “Quizá este tipo de campañas tuvo una amplia legitimidad en otras ciudades del mundo”, dice la vocal Mogrovejo, pero en el Ecuador sólo puede producir “una reacción contraproducente que polariza a la opinión pública”. Y añade: “cualquier reivindicación debe estar en un contexto histórico y social adecuado”. En realidad, en Quito lo mismo que en las otras ciudades del mundo (parece que la idea viene de Chile), la efectividad de la campaña reside precisamente en su impertinencia. Muchas mujeres, especialmente en los movimientos feministas, creen que la mejor manera de luchar contra los contenidos peyorativos que encierra la palabra puta es apropiarse de ella, reivindicarla y darle la vuelta. Es una provocación, por supuesto, esa es la idea. Una provocación que no es nueva en el Ecuador, donde la denominada “Marcha de las putas” lleva cumpliéndose desde hace algunos años sin ningún contratiempo. A propósito ¿qué piensa hacer el Cordicom con la próxima? ¿Prohibirla? ¿Exigirle pertinencia cultural? ¿Obligar a las putas a que se socialicen?

El Cordicom cree que la sociedad no es capaz de procesar sus propios conflictos; que el Estado tiene que intervenir y poner orden incluso en los temas lingüísticos; que a la sociedad hay que enseñarle cuáles son sus propios contextos históricos y sociales, como si no los estuviera viviendo; en fin, que alguien tiene que hacerse cargo de ella. El Cordicom desconfía de todo lo que la sociedad haga por sí misma. Cree que la organización de los movimientos feministas, las marchas, las campañas, la difusión de información, la conexión de la gente con el mundo, el uso cotidiano de la tecnología, los nuevos modelos de familia, el sinceramiento de los jóvenes con un millón de temas que eran tabúes para sus padres, desde las drogas hasta el sexo, en fin, que todos esos procesos no van a cambiar la cabeza de las personas y la disposición cultural de la sociedad para aceptar los cambios. Lo único que puede lograrlo, cree el Cordicom en su delirio, son los procesos de socialización organizados desde el Estado.

¿Socialización? Ya sabemos de qué va, los correístas son expertos. Lo primero que hay que hacer es nombrar las comisiones, los consejos consultivos y las subcomisiones. Un secretario sirve para varias comisiones. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social trazará un cronograma que cubrirá todo el territorio nacional y dispondrá de un presupuesto. La Secretaría de Movimientos Sociales cursará invitaciones a los actores involucrados y se asegurará de contar con salas llenas; Rodrigo Collaguazo movilizará a sus bases a costo reducido (un sánduche, una cola, la gasolina del viaje); el colectivo 30-S enviará delegados con banderas y las juventudes diseñarán grandes pancartas donde escribirán los primeros ejemplos edificantes de los buenos usos de la palabra puta. Los más selectos prometeos y prometeas de la Patria toda elaborarán sesudas conferencias sobre el contexto histórico y social del maltrato a la mujer y la vocal Paulina Mogrovejo explicará la teoría de la pertinencia cultural con Power Point. El Telégrafo cubrirá intensamente las jornadas. Luego saldrá todo en una cadena de la Secom y en una sabatina, donde se instruirá a los diez mil tuiteros de las huestes oficialistas para que apoyen la política inclusiva y participativa del Gobierno con respecto a la palabra puta. Y listo. Tema socializado. Entonces y sólo entonces la palabra puta será culturalmente pertinente, no volverá a incordiar a nadie y podrá ser usada en todo tipo de campañas, mensajes publicitarios y “contenidos comunicacionales” en general, incluyendo las sabatinas. Sobre todo en las sabatinas.

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