Los elocuentes silencios del aparato correísta

¿Debemos entender que el correísmo otorga cuando calla? Hablamos de un aparato de gobierno extremadamente meticuloso en el control de la información y la palabra, cuyos funcionarios no paran de enviar cartas a los medios, iniciar procesos administrativos a los periodistas, amenazar con la ley penal a los opinadores y armar escandaletes por un quítame esas pajas; un aparato que reclama para sí el monopolio de la verdad y todos los días ordena rectificaciones, difunde desmentidos, interrumpe para replicar y hace lo que puede (que es mucho) para quedarse con la última palabra; un aparato implacable que persigue y desprestigia a quienes lo critican. Y, sin embargo, un buen día alguien pone sobre el tapete una investigación sobre funcionarios que se hacen ricos de la noche a la mañana, o trafican influencias, o firman contratos vinculados, o manejan sobreprecios, lo que fuera. Y el aparato calla. ¿No es raro? ¿Dónde están los juicios por calumnia? ¿Dónde las cartas inflamadas, las acusaciones de mala fe, las rectificaciones? Los que reaccionan con toda la alharaca de su indignación moral por un adjetivo que consideran inapropiado, de pronto no dicen ni pío cuando alguien habla de millones en contratos petroleros. Qué curioso.

Quizás va siendo hora de hacer un inventario de denuncias no respondidas, de reportajes de investigación no replicados, de acusaciones de corrupción que no acarrearon juicios por calumnia a sus autores ni motivaron la intervención de la Supercom. Cuando esto haya terminado habrá que volver sobre todo ello, aunque no sea sino para mantener vigente la muletilla con la cual el correísmo se llena la boca: prohibido olvidar.

Puestos a recordar, ¿qué ocurrió con aquel famoso reportaje publicado por la revista Vanguardia en octubre de 2009, bajo el título Los negocios de los Alvarado, y que todavía se puede leer, entre otras notas de prensa sobre el mismo tema, en el blog de la periodista Mariana Neira? Ahí, con documentos de la Superintendencia de Compañías y del Servicio de Rentas Internas, se demostraba cómo las empresas de publicidad de Vinicio y Fernando Alvarado crecieron más allá del mil por ciento desde que los hermanos se convirtieron en hombres duros del correísmo. El reportaje incluía un recuadro en el cual la revista ponía sus páginas a disposición de los aludidos, por si querían impugnar el contenido de su investigación, ya que previamente se habían negado a responder a sus preguntas. Silencio hasta el día de hoy. ¿Quién lo explica? Vamos a ver: si un periodista publica que el cambio de guardia de los lunes es “la ceremonia que Correa inventó para salir al balcón”, vaya nimiedad, Fernando Alvarado escribe una carta indignadísima exigiendo rectificaciones y proclamando su decisión de intervenir cada vez que la verdad sea mancillada. Bien. Otro día una revista publica una investigación que da cuenta de los negocios turbios de los Alvarado y ni Fernando ni Vinicio escriben carta alguna. Por favor, que alguien lo explique. ¿Debemos entender que el correísmo otorga cuando calla?

Luego están las investigaciones periodísticas de Plan V, tantas que resulta imposible reseñarlas todas en esta nota. Está la historia de lo que la revista llama “un carrusel para los contratos digitales”, aquel entramado de empresas, negocios y accionistas que tienen nexos familiares con ex funcionarios del correísmo y que siempre resultan beneficiados en los procesos de contratación pública por concurso en los ministerios de Turismo y Comercio Exterior. O el caso de Cristian Loor y la narcovalija: de cómo el empresario teatral de la obra Ruga la Tortuga fue extorsionado para llevar cocaína a Italia en la valija dimplomática, junto a la escenografía y el vestuario de su espectáculo. Y está también la cuestión de la planta de almacenamiento de gas en Monteverde (Santa Elena), cuyo precio referencial era de 97 millones de dólares, se adjudicó sin licitación por 263 millones, terminó costando 570 millones y se inauguró con tres años de retraso, justo cuando el país se hallaba ya embarcado en un cambio de matriz productiva que sustituirá el gas licuado de petróleo por la electricidad. Todo eso para no hablar de los contratos para actividades de comunicación de la Presidencia de la República firmados con el Estado por una empresa vinculada con la madre de Nathalie Cely, entonces embajadora en Estados Unidos, hoy ministra de la Producción. ¿Tráfico de influencias, narcotráfico, peculado…? ¿Ya desmintió todo esto el aparato de propaganda y control de la información del correísmo? ¿Ya enjuiciaron por calumnia a los periodistas responsables? ¿Ya se puso en movimiento la Supercom? ¿Ya calcularon el monto de las indemnizaciones por daño moral? ¿Ya mandó una carta Fernando Alvarado? ¿O ha estado muy ocupado escribiendo réplicas contra el editorialista de El Telégrafo que afirmó que la revolución perdió su brújula? ¿Acaso debemos entender que el correísmo otorga cuando calla?

Recordar todo esto es pertinente ahora que el gobierno ha abierto un nuevo capítulo en la historia de su acoso a Fernando Villavicencio, uno de los periodistas de investigación más acuciosos del país. A él y a Cléver Jiménez, su compañero de infortunio, el correísmo ha perseguido como a nadie. Ellos fueron acusados de haber presentado una denuncia temeraria contra el Presidente, sentenciados a prisión por uno de sus jueces, separados de sus familias, infamados, simbólicamente asesinados, convertidos en tema de mil cadenas de radio y televisión, de mil discursos vejatorios… Hoy un juez del correísmo quiere cobrarles 140 mil dólares con el fin de indemnizar al Presidente, quien con este procedimiento está en camino de volverse rico, tal es su estatura moral y la naturaleza de su espíritu. Que a Fernando Villavicencio, autor de las denuncias de corrupción más contundentes y documentadas de los últimos años, nunca desmentidas por el gobierno, se lo quiera someter por su participación en una supuesta denuncia temeraria, ilustra perfectamente el tema de este artículo y demuestra hasta qué punto aquello que el correísmo llama “la verdad” no es más que una grotesca caricatura.

Dado el silencio del aparato correísta ¿debemos asumir que es cierto todo lo que dice Villavicencio en su documentadísimo libro Ecuador made in China? Que Petroecuador y Petrochina han celebrado diez contratos de provisión de crudo y fuel oil sin licitación alguna. Que durante años el país estuvo vendiendo petróleo a una empresa inexistente. Que “se ha generado una auténtica piratería en altamar con el petróleo ecuatoriano”. Que el crudo nacional cambia de propiedad en los propios buques de Flopec. Que el petróleo entregado a Petrochina es revendido por traders a las refinerías de la Chevron-Texaco, nuestro supuesto archienemigo, en la costa oeste de Estados Unidos. Que por esta intermediación el Ecuador ha perdido al menos 3 dólares por barril, lo cual representa un total de 1.250 millones en el período investigado. Que con esa diferencia se han enriquecido, ¡y cómo!, intermediarios y lobistas (algunos de cuyos nombres constan en el libro). Que en la reventa del petróleo ecuatoriano se aplica un sistema de doble facturación, una con precio rebajado, de Petroecuador a Petrochina, y otra con precio de mercado… De todo esto, ni una palabra. El aparato gubernamental especialista en acusar de calumniadores a periodistas que emiten una opinión ha guardado silencio. Ningún proceso se ha abierto contra Villavicencio por publicar todas estas cosas. O sí, uno, a pedido de Petroecuador, por “mal uso de documentos públicos”, lo cual confirma más que desmentir el rigor documental de las denuncias.

Que Fernando Villavicencio, tras haber demostrado todo esto, esté siendo perseguido ahora por un caso que no tiene más importancia pública que aquella que la vanidad de un Presidente megalómano quiere darle, una demanda que la justicia correísta desechó y calificó de maliciosa y temeraria, es de un fariseísmo y una hipocresía que espantan. Mientras le dan caza, a él y a Jiménez, y les exprimen hasta el último centavo para enriquecer al Presidente, ¿qué debemos pensar los ecuatorianos sobre aquello que los correístas callan? La respuesta es evidente: que otorgan.

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8 comentarios en “Los elocuentes silencios del aparato correísta

  1. Yo no había leído este artículo, ahora me entero luego de la indignación del Sr. Alvarado por su contenido, por la caricatura de juicio establecido contra Roberto y por las risas que pasamos luego de escuchar los resultados de este impase.

    Gracias por mantenernos informados, no podemos contra tanto poder, cuentan con las leyes, los militares, el sistema judicial a su favor, para lavar tanta corrupción… y por eso mismo no debemos callar, ahora es cuando más debemos actuar… por eso abrazo y aplaudo la decisión de este autor de mantener su pluma firma.
    Mariela.

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  2. A mi edad avanzada, tengo la sensacion de haber vivido en un pais fallido, no en una nacion respetable, la cleptocracia, la mitomania(de todo tipo: politica, religiosa, seudoempresarial, militar, etc.), la indefension civil, el servilismo abyecto a lo foraneo, han sido la norma, no la exepcion, asi puede desprenderse de todos los estudios profundos y serios de investigadores como P. Ospina, P Ortiz, Deller, esposos Brewser, etc.; lo mas notable de todo ha sido el chanchullo con el dinero publico y civil(IESS, fondos previsionales, ahorros en bancos, etc.), todo apesta a sobreprecio, obras caras y malas y hasta inutiles(¿se han fijado en las glorietas viales?), costos desmesurados(las centrales Baba y Mandariacu de 40 MW cada una, “valen” 500 millones y 230 millones respectivamente, cuando el costo por MW es un millon, maximo dos); estos casos solo se recuerdan del febrescorderato, verdadero experto en estos “negocios lleve en mano”, y que ademas se sumaban a la deuda eterna; enciima suelen presentar esto como “logro en obras”, asi que mas bien se enorgullecen de toda la infamia, ¿para que reclamar?, mas bien es motivo de risa y sarcasmo a los civiles.

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  3. ¡Gracias por este excelente artículo! Qué no nos falle la memoria cuando debamos acercarnos a las urnas. Si no se han respondido a estas acusaciones, pues lo más lógico es pensar que los acusados del oficialismo no tienen pruebas que demustren lo contrario.
    Me preocupa en especial los contratos de comunicación. Si entre sus lectores hay alguien en el sector público, o en las empresas contratadas por el gobierno, que quiera denunciar/presentar algo que le parezca poco ético o ilegal, hago un llamado a que se contacten con los pocos periodistas investigativos que, a pesar de los difícil que resulta, siguen trabajando en Ecuador. En mi opinión, pueden contactar a Plan V y GkillCity. Estos medios respetan al máximo la confidencialidad y defensa de sus fuentes.

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  4. El artículo es contundente. Cuando se denuncian o se comentan, documentadamente, temas poco importantes pero que afectan el inmenso ego del dictador Correa, los denunciantes son perseguidos con furia por el infame aparato represivo montado por Correa y los Alvarado. y son sentenciados sin pieded por la sumisa administración de justicia que es el brazo ejecutor de las venganzas personales del dictador. En cambio cuando se denuncian, también documentadamente, temas que afectan el dinero del pueblo Ecuatoriano, la respuesta es el silencio sepulcral de los denunciados. Allí no hay persecución ni respuesta viceral por parte del gobierno. El que calla otorga y el que tiene rabo de paja calla mucho. Magnífico artículo que pone el dedo en una de las innumerables llagas del correismo.

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