Yuca para mi presidente

El episodio del yucazo retrata al correísmo de cuerpo entero y desnuda su deplorable modelo de ciudadanía. No es que lo ocurrido sea una novedad. Hemos perdido la cuenta de las veces que el presidente de la República se ha bajado de su carro para disciplinar a un ciudadano que le hizo una seña ofensiva a su paso por la calle. Sabemos muy bien que este tipo de incidentes conduce casi siempre a los juzgados y se completa con imposición de castigos, pedidos de disculpas públicas, alboroto de redes sociales y desplantes sabatinos adornados con mentiras. Mentiras del tipo Jaime-Guevara-estaba-borracho. Siempre la misma cosa. Pero este nuevo caso es especial. No porque no siguiera al pie de la letra este libreto (esperemos al sábado y veremos) sino porque a todos esos pasos se añadió ahora uno muy revelador: la publicación de un video. Y lo que retrata al correísmo y desnuda su modelo de ciudadanía es precisamente ese video, o más exactamente, la manera como ese video fue recibido por los correístas y la pretensión expresa de la Secretaría de Comunicación de que, con él, se demuestra la razón presidencial en esta historia.

El caso de Luis Antonio Calderón, el colegial de 17 años que el 1 de mayo propinó un corte de mangas a la caravana presidencial en el centro de Quito, es ya de sobra conocido. El muchacho bajaba la cuesta de la calle Flores en compañía de su madre cuando vio una caravana de vehículos oficiales que subía desde la plaza de Santo Domingo. Como los carros de ese tipo llevan los cristales oscuros no supo que el yucazo que compuso (con harta enjundia según revela el video de la Secom) lo recibió el mismísimo presidente de la República. No anduvo muchos metros más cuando se vio rodeado por una horda de gorilas armados y súper entrenados, de uniforme y de paisano, que lo sujetaron desde la espalda y lo redujeron tomándolo de la cabeza, según contó él mismo en otro video. De pronto, entre la confusión apareció Rafael Correa. “Viene y me agarra del pecho”, cuenta Luis Antonio, aunque el verbo “agarrar” no corresponde a la acción que reproduce con sus propias manos y consiste en golpearse el pecho (toc-toc-toc) con la punta de los dedos extendidos. “Y me dice: ¡Aprende a respetar, muchachito, yo soy tu presidente, muchachito malcriado!”. El joven recuerda que al presidente le temblaba la mano y se le salían las lágrimas. “De las iras”, cree. Correa se dio media vuelta y regresó a su carro pero Luis Antonio fue llevado, en medio de un gran alboroto policial, al juzgado de casos flagrantes, donde no se le permitió ver al abogado que le envió su madre y le adjudicaron un defensor público. El juez de turno, tras encontrarlo culpable de un delito tipificado en el Código Penal, lo condenó a cumplir veinte horas de servicio comunitario. Todo termina con un bofetón que la madre propinó a uno de los gorilas y la consiguiente reprimenda en el lenguaje que es propio de ellos: el maltrato.

Así lo cuenta Luis Antonio y así se aprecia en el video de la Secom. No hay diferencias entre la versión del joven y las imágenes grabadas salvo que en el video el audio ha sido suprimido, así que no podemos saber lo que vocifera el presidente desde que se baja del carro. La Secom consideró que los únicos sonidos de interés público en toda la secuencia son los insultos que endilga la madre al personal de seguridad. Tampoco se puede distinguir si efectivamente Rafael Correa, de espaldas a la cámara, golpea con sus dedos el pecho del estudiante y si está llorando de las iras. Él negó ambas cosas en un tuit pero es su palabra contra la de Luis Antonio. Y Luis Antonio nunca nos ha mentido.

Es inaudito: el correísmo cree que el video exculpa al presidente. La Secom considera que no hubo nada reprochable en su actitud atrabiliaria (del latín atra: negra; y bilis: cólera); al contrario: la presenta como una reacción natural, humana y hasta necesaria ante una conducta, la del muchacho, esa sí desproporcionada e intolerable. Sin embargo, en nada se diferencia el comportamiento presidencial que vemos en el video con el de un capo mafioso tal como nos lo pinta cualquier película de Martin Scorsese: el vehículo que se detiene; el capo que desciende con aires de autosuficiencia; el séquito de pistoleros que se moviliza para cubrirlo; los transeúntes que se paralizan, expectantes; el muchacho que se ve de pronto rodeado e inmovilizado por una docena de gorilas; el capo que en cuatro frases le dice cómo son las cosas; el muchacho que es introducido a la fuerza en un vehículo en que se lo llevan al lugar donde se ejecutará el escarmiento… Esto es intimidación pura y dura. Y si el presidente no puede verlo, quizá se debe a que perdió toda noción de realidad. Resulta grotesco escucharlo argumentar que su reacción fue la de un ser humano cualquiera, como si un ser humano cualquiera tuviese a su disposición todo el poder represivo del Estado para secundarlo.

¿Qué justifica, según la lógica correísta, semejante despliegue de bravuconería? El comunicado público que la Secom lanzó junto con el video lo explica con razones que se pueden resumir en dos palabras: mala educación. “¿Estarían de acuerdo los padres de familia con que sus hijos ofendan con señales obscenas a su profesor, autoridad del orden o simplemente a un ciudadano?”, plantea el comunicado. Esta pregunta encierra una falacia: la respuesta bien podría ser que no, pero eso de ninguna manera implica que el aparato represivo del Estado, con el presidente a la cabeza, tenga que hacerse cargo de enseñar buenos modales a los jóvenes a golpes de intimidación y de escarmientos, o que la administración pública y la justicia tengan que convertirse en aparatos disciplinarios para imponernos buenas maneras a la fuerza.

Eso es precisamente lo que ocurre en el Ecuador correísta. En su delirante sentencia, el juez que impuso la sanción se propone “establecer reglas de conducta al adolescente Luis Antonio Calderón”. ¿Establecer reglas de conducta? ¿De cuándo acá es esa su tarea? Decenas de funcionarios correístas y cientos de militantes que se volcaron a las redes sociales para expresar su escándalo ante el comportamiento del muchacho exigen eso mismo: que taita Estado nos discipline. Ese es el concepto de ciudadanía que ha forjado el correísmo. Alguno pidió “sanciones fuertes”; otro propuso enjuiciar a la madre del muchacho; una más justificó la conducta del presidente diciendo que “hombre recto y cristiano jamás deja pasar tamaña grosería”; no faltó quien comparó a Correa con el Papa, la prueba está en que se prepara para recibirlo.

¿Y de qué manera tiene que disciplinarnos el Estado? A patadas si es preciso. “Yo no aguanto”, tuiteó el indescriptible secretario de Comunicación, Fernando Alvarado: “le meto su cocacho al malcriado”. Y en otro mensaje: “yo lo hubiera corregido en ese momento”. ¡Corregido! ¿Quién se cree este señor para permitirse corregir a nadie? Más aún, cabría preguntar (parodiando el tono retórico de la Secom): ¿estarían de acuerdo los padres de familia con que sus hijos sean corregidos a golpes por un tipo del perfil ético y el nivel intelectual de Fernando Alvarado?

El acoso a Luis Antonio se puso cada vez peor. Porque lo que el aparato represivo ejecutó en la calle, el aparato de propaganda que dirige Alvarado trasladó a las redes sociales y a los medios del Estado. Y el muchacho que el 1 de mayo fue intimidado, a la semana siguiente fue expuesto y desacreditado; las fotografías de su página de Facebook, difundidas con comentarios infamantes; sus propios textos y mensajes, sus gustos, aficiones, preferencias e intereses políticos, convertidos en objeto de burla y de rechazo social, expuestos como presuntas pruebas de su perversidad inherente y de su mala índole. La nota que le dedicó el informativo correísta de Gamavisión violó todos los principios éticos y las normas deontológicas del periodismo sobre el manejo de noticias que involucran a menores de edad, por más que trataran de disimularlo velando el rostro del muchacho. Todo lo que los correístas encontraron en el Facebook fue utilizado en su contra. Se atrevieron a calificar y desacreditar a la madre por haber reaccionado con una bofetada (¿qué esperaban que hiciera?). Y todavía falta la sabatina. ¿Se pretende que un corte de mangas justifique estos abusos?

No para ahí la cosa. El discurso oficial sobre el caso de Luis Antonio insiste en un agravante de terror: el hecho de que la esposa de Correa se encontraba en el vehículo en el momento del yucazo. Lo dijo el mismo presidente y lo repite el comunicado de la Secom. ¡Hacerle eso delante de la mujer! ¡Qué horror! Esa es la concepción que tienen del sexo femenino: lánguidas dulcineas en urnas de cristal cuya pureza debe ser protegida a toda costa por el bacán que las acamala. Es cosa de hombres. De machitos. Aplíquese esta visión a las políticas públicas y se tendrá como resultado el Plan Familia. Trasládesela al campo de las relaciones familiares y se obtendrá el infierno de violencia machista que se vive en el país. Conviértase la escala de valores del bravucón que imparte disciplina a los más débiles en norma de convivencia ciudadana, en principio rector de las relaciones de padres e hijos, de profesores y alumnos, y se tendrá aquel esquema de relaciones sociales vetusto y miserable contra el que se rebelaron los jóvenes en 1968 sin que Rafael Correa se dé por enterado hasta la fecha.

¿Es todo? No. Falta lo peor (si cabe algo peor). Mientras las masas correístas exigían disciplina para el malcriado, corrección y cocachos, a nadie pareció interesarle la elemental ilegalidad de su aprehensión, juzgamiento y condena. Porque hacer yuca no es delito. Ya no. De hecho, el juez que lo sancionó no encontró otro pretexto para hacerlo que una supuesta violación del artículo 396, numeral 1, del Código Penal, que dice: “Será sancionada con pena privativa de libertad de quince a treinta días: 1. La persona que, por cualquier medio, profiera expresiones en descrédito o deshonra en contra de otra”. Un corte de mangas es una grosería evidente pero ¿acaso desacredita a quien lo recibe? ¿Lo deshonra? En este caso específico, el yucazo fue un gesto político de una persona a quien el Estado reconoce su derecho al voto. Un gesto incorrecto, sin duda, ofensivo; deleznable, si se quiere; tonto, hasta eso. Pero no un delito. De otro lado, ¿tiene algún sentido juzgar a alguien por el Código Penal y aplicarle una pena contemplada en el Código de la Niñez y Adolescencia? ¿Se compadece con los mínimos estándares del debido proceso el hecho de que el abogado fuese impedido de ver al acusado? ¿En qué clase de democracia pasan esas cosas? En ningún momento se discutió nada de esto. Se asumió simplemente que el gesto fue una malcriadez y que toda malcriadez debe ser corregida. Y para eso, creen, está el Estado. El correísmo parece sobreentender que hay aspectos de la vida pública que circulan por un andarivel paralelo al de la legalidad. Son los aspectos que tienen que ver con la disciplina, la moral y las buenas costumbres. En ellos, Rafael Correa es el Papa. Y nosotros, su rebaño. A eso llaman revolución ciudadana.

Imaginemos por un momento a Correa llorando de las iras, golpeándonos en el pecho con la mano temblorosa y diciendo: “Soy tu presidente”. ¿No es la pesadilla del ciudadano libre? Ante semejante intromisión sólo cabe una respuesta: “No, Correa, no eres MI presidente. Eres el presidente del Ecuador, que es muy distinto. MI presidente soy yo. O como escribió William Henley: Yo soy el capitán de mi alma”. Pues eso. Y un yucazo.

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13 comentarios en “Yuca para mi presidente

  1. ES SOLO UN NIÑO
    Nadie a tomado en consideracion, que este “muchachito” como lo dicen algunas personas , segun la carta de ne nines el es un niño y por lo tanto aunque Correa se considere aun el Presidente del Ecuador, es un atentado CRIMINAL segun los tratados de las Naciones Unidas, etc etc. El jamas debio reprender a este niño, sin el consentimiento expreso de su madre o de un padre , es decir de afinidad inmediata , los padres y los abogados pueden denunciar no solo a Correa, sino a la corte criminal, a los jueces, o al juez que ordeno el servicio comunitario, si no tambien sin una orden de algun juzgado proceder a la detencion del aun NIÑO, ES INCOSTITUCIONAL LA DETENCION ARBITRARIA , ES MAS AUN, UNA VIOLACION CRIMINAL A LOS DERECHOS HUMANOS. y por esta estupidez del dictador, deberia ser enjuiciado penalmente, y ademas con las consabidas aplicaciones de destitucion de su cargo ya que es atentado a la patria tener a un interdicto en el poder.

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  2. TOTALMENTE DE ACUERDO CON SU APRECIACIÓN. ESTE TIPO CREE QUE PUEDE CORREGIRNOS? PUES ENTONCES DEBE HACERLO CON EL 80 POR CIENTO DE LOS ECUATORIANOS QUE ESTAMOS EN CONTRA DE SU POLÍTICA DE GOBIERNO Y DE SUS BRAVUCONADAS. YO TAMBIÉN LE DOY YUCA Y DIRIJO MIS PULGARES PARA ABAJO. ESTARÉ ESPERANDO QUE ME DEN CLASES DE COMPORTAMIENTO.

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  3. Otro acierto de Roberto Aguilar, que en sus últimos artículos ha escrito un verdadero tratado sobre la tortuosa y perversa personalidad de Rafael Correa. La verdad es que Correa, a causa de su patológico ego, se ha convertido en un auto-exilado de la realidad y por eso, su discurso es lleno de mentiras (Correa siempre miente como un bellaco), de desinformación, de mala fé, de culto a si mismo, mientras que es vacío de contenidos y de mensaje, ya que es un discurso a espaldas de la verdad, cansino, repetitivo, plagado de insultos y de la más patética vulgaridad. El último incidente de Correa con el jovencísimo estudiante Luis Antonio Calderón, pone en evidencia, una vez más, a Rafael Correa como el cobarde que es al increpar a un niño, por supuesto rodeado de matones y guardaespaldas, y luego ordenar su encarcelamiento y juicio sumarísimo, sin permitirle ejercer su legítima defensa. Esta “hazaña” identifica a Correa como vulgar matón de barrio bajo, sin ninguna categoría, ofendiendo la institución de la Presidencia de la República y convirtiendo el ejercicio del poder en una triste riña. Por todo esto Correa recibe un multitudinario yucazo de todos los Ecuatorianos libres y amantes de la decencia y de la democracia.

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  4. si ánimos de ofender tu reseña pero contéstame algo. ¿la actitud del chico es la correcta? ¿que hubieses hecho tu? ¿que clase de oposición pretendes hacer, a lo Gorila? insultando al que te da la gana. Cambiemos los papeles, Yuca para la oposición, o mas objetivo, yuca para ti en tu trabajo o en la labor que desempeñas. ¿Lo merecerías?

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  5. Soy una mujer mexicana, que vivo en México. Profesora Universitaria pensionada, de setenta años, madre, abuela, bisabuela, pero sobre todo Mujer Ser Humana que me he ganado mi espacio de dignidad en este mundo. Y solamente quiero decirles mi enorme frustración por no tener el dinero suficiente para poder ir a Ecuador, y ya ahí, de alguna manera lograr ponerme frente a rafael correa y hacerle la misma seña que Luis le hizo. Claro que también le diría un mexicanísimo “chinga a tu padre” (soy feminista y eso de mandar a alguien a molestar a su madre no entra en mi programa) Sé muy bien que habría muchas otras cosas que hacer, que decir, pero esas sé bien que ya las están haciendo y diciendo las y los ecuatorianos dignos. Yo tengo acá un mounstrenco parecido al suyo y he hecho y hago lo que me corresponde al respecto. Realmente sólo me quiero unir a la linda avalancha de “yucazos” para correa. Por lo menos espero cooperar con algo para sus lágrimas de ira y, ojalá, un buen dolor de panza.

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  6. Ya tenemos yuca.La yuca ya es de todos. Los yucazos son más, muchísimos más.
    Las expresiones anteriores describen la época de oro de la yuca que está viviendo el Ecuador.Tanto que la posteridad la podría registrar como el siglo de oro de la yuca. Un milagro creado por la intolerancia de Correa, que le podría servir al Papa- the Hand of God del autoritario Mashi Rafael- para su futura canonización como el “santo atrabiliario”- ya tuvimos un “santo del patíbulo”. Tanto que el correísmo ha despertado un entusiasmo masivo por la yuca, que alcanza ya los niveles de paranoia colectiva. Tanto que los yucólogos, y no los politólogos – !qué originales son los correístas!-serán los encargados de explicar este fenómeno social y »natural” que ha conmovido al mundo entero.Tanto que las yucas están circulando enloquecidamente por todas las redes sociales, lo que podría ocasionar un colapso del sistema.Tanto es así de impresionante este fenómeno, que Correa haría palidecer al propio Midas,pues superaría a aquel en capacidad y velocidad -claro que Midas no tenía la maquinaria de propaganda de la revolución ciudadana para multiplicar y magnificar sus milagros, y apantallar y pulverizar a la disidencia- convertir en yuca todo lo que toca.
    Ciertamente que Correa revela su atributo o don cristiano por el milagro de la multiplicación de la yuca. Los días que se avecinan mostrarán que la crisis por la caída del precio del petróleo serán más sombríos. Por lo tanto, así como Jesús multiplicó los peces y los panes para alimentar a la multitud, asi mismo nuestro “santo atrabiliario” verá cómo su don hará el milagro de la multiplicación de la yuca en todos los hogares que repudian la intolerancia, el autoritarismo, la mentira, la opresión y la injusticia.
    No dudamos que Correa ha hecho méritos suficentes para su canonización como el “santo atrabiliario” del Ecuador, así como también su indisputado espacio en El libro de los récords Guinness. Pero es evidente que el pueblo ecuatoriano no quiere ser el “bobo de la yuca “que se casa con las falacias de un oficialismo prepotente y hueco, cuyo argumentario merece el más grande “yucazo” por su vano intento de hacerlo comer trapo y papel.
    Nos despedimos del fallido reino de la yuca con la chispeante letra del popular Bobo de la Yuca.

    El bobo de la yuca se quiere casar
    invita a todo el mundo pa la catedral,
    el bobo de la yuca se quiere casar
    invita a todo el mundo pa la catedral.

    Va a pasar su luna de miel
    comiendo trapo, comiendo papel,
    va a pasar su luna de miel
    comiendo trapo comiendo papel.

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  7. En este pais-mito, “la ley es solo una telaraña, que solo atrapa a los pequeños e indefensos, los grandes la rompen cuando quieren”(pensador latino), segun Huntington, la constitucion y sus leyes pueden ser violadas o “interpretadas” de acuerdo a intereses particulares de empresarios, ministros, militares, etc., sean nacionales o extranjeros; en suma, se presta para abusos del poderoso, para su infamia y cobardia, esto junto con el apoyo del sistema(justicia, medios de comunicacion y propaganda, fuerzas de seguridad como tropas de ocupacion, etc.); lo que sucedio con el adolescente(menor de edad), es un abuso cobarde del tipejo presidente, con la complicidad de una justicia canalla y servil, asi como con los “heroicos” pretorianos, ninguna propaganda manipulada para mostrar lo que les conviene en forma mentirosa e infame puede justificar este abuso; ademas, ¿solo la esposa del tipejo es mujer?, ¿que hay de la madre desarmada que defiende a su hijo, y es ultrajada por los gorilas?; si de responder ofensas se trata(sobre todo verbales y no solo gestos), cualquier agresion a los canallas del desgobierno estaria mas que justificada, y una justicia decente los enviaria a la carcel por años.

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