Interés público, el último despojo

Como cualquier rendición de cuentas del Ecuador correísta, la de José Bolívar Castillo, alcalde de Loja, ocurrida el 23 de febrero pasado, no reveló nada que no se supiera, que no constara en documentos públicos, que el propio alcalde no hubiera informado previamente o que periódicos locales como la edición lojana de La Hora no hubieran dado a conocer y comentado varias veces en su seguimiento diario de las acciones municipales. Como cualquier rendición de cuentas del Ecuador correísta, la de José Bolívar Castillo, alcalde de Loja, careció de todo valor periodístico más allá del que pueda ofrecer, para la crónica social, la pasarela de autoridades provinciales engalanadas y emperifolladas para la ocasión. Esto es así porque el propio término “rendición de cuentas” no es otra cosa que un eufemismo para designar los rituales de autobombo y promoción publicitaria que las autoridades del Estado, de cierto nivel para arriba, ofrecen con periodicidad y gran despliegue de recursos con el fin de recibir elogios y asegurar fidelidades. Pero José Bolívar Castillo, conocido por su afición a procesar periodistas y por su presuntuoso convencimiento de que el mundo (o su ciudad al menos) gira a su alrededor, cree que su rendición de cuentas fue un acontecimiento del más alto interés público y que los medios de comunicación estaban obligados a reseñarla. Y como dispone de una ley que no sólo castiga a los periodistas por lo que dicen sino también por lo que no dicen, demandó a diario La Hora de Loja por no hacerlo. Y ganó, claro. Al fin y al cabo, esta ley de Comunicación es en parte suya.

Las cosas quedan así: primero la Supercom impone a La Hora una sanción económica por haber omitido información de supuesto interés público. Y después, sólo después, el Cordicom pone manos a la obra en la tarea de definir qué diantres quiere decir interés público. Se lo pide la Corte Constitucional, que por cierto nada dice sobre el hecho de que un periódico fuera sancionado tras encontrársele culpable de un delito que nadie ha definido. El Cordicom, ahora, tendrá que parir una definición de interés público que sea lo suficientemente amplia, ambigua u obtusa como para que se incluyan en ella las rendiciones de cuentas pasadas y futuras del Chato Castillo o del cacique provincial que fuera. Este será uno de los pasos más firmes que pueda dar el correísmo hacia la uniformización de la información y los medios. Para eso está formado el Cordicom de burócratas obsecuentes y semiólogos de intendencia.

Pregunta: ¿existe la posibilidad de que un medio de comunicación, en virtud de una postura editorial transparente y explícita y en aplicación de sus propios estándares periodísticos, considere que un acontecimiento cualquiera (la rendición de cuentas del Chato Castillo, por ejemplo) carece del interés público que justifique su cobertura? Obviamente que sí, incluso considerando el derecho a equivocarse que asiste a cualquier medio y la posibilidad de que, al omitir una cobertura, se cometa en efecto un error periodístico. El aparato de control mediático del correísmo (secomes, cordicomes y supercomes) actúa convencido de que no es así: los semiólogos de intendencia creen que existe una sola definición de interés público aplicable a todos por igual y que esa sola definición de interés público la fijan ellos.

Una de las cosas que llaman la atención del proceso que terminó por imponer una sanción económica a diario La Hora es que el supuesto interés público de la rendición de cuentas del alcalde de Loja se dio por sobreentendido sin que nadie se molestara por analizar su contenido ni juzgar su naturaleza. Como si cualquier cosa que dijera cualquier cacique provincial tuviera que ser importante por fuerza, cuando sabemos que lo común es exactamente lo contrario. La verdad es que esta rendición de cuentas fue un acto tan patético que el Chato Castillo, con un gramo de sensatez, debió agradecer a La Hora por no cubrirlo. ¿Quiere el alcalde que se hable de su rendición de cuentas? Vale. Hablemos. Después no se queje.

José Bolívar Castillo es una figura política del siglo XIX. Oyéndolo hablar acerca de sus siete primeros meses de gestión municipal uno se pregunta por el modelo de ciudad que tiene en la cabeza, por el sueño que propone a sus conciudadanos, por el rumbo que quiere imprimir a su alcaldía. El Chato habla durante una hora y cuarto sin que el modelo, el sueño y el rumbo aparezcan por ningún lado. ¿Qué es Loja para él? Imposible saberlo. Si fuera subdirector de patentes o inspector de atmósferas hablaría igualito. Su discurso no es el de un alcalde, mucho menos el de un líder: él es un simple ejecutor de presupuestos. Municipal y espeso en el sentido literal de la expresión, toda la visión política que expresa el alcalde se reduce a la que cabe en indirectas del tipo “hay una minoría absoluta de politiqueros interesados en fomentar las ventas ambulantes”, o “no nos van a hacer gastar en consultas bobas”. Lo demás es una aburrida relación de partidas presupuestarias desmenuzadas hasta en sus detalles más nimios y prosaicos: la construcción de cerramientos metálicos, la habilitación y mantenimiento de piletas, la poda de árboles, el mantenimiento de baterías sanitarias, ¡el corte de pasto en las avenidas!

¿Interés público? Todo municipio, desde luego, tiene un piquete de jardineros armados de podadoras, una unidad de plomeros que mantiene los baños públicos, un grupo de herreros y artesanos que construye cerramientos metálicos… Esas actividades implican gastos y esos gastos se supone que están bien desglosados en los documentos públicos correspondientes. Todo eso se sobreentiende pero ¿se supone que un alcalde deba hablar de eso en su informe anual? Más aún: ¿se supone que un periódico deba llevar a sus lectores esa visión vetusta y mortecina de la ciudad sólo porque un alcalde vetusto y mortecino es incapaz de comprender su cargo más allá de la tramitología administrativa? ¿Estaba diario La Hora obligado a repetir esta sarta de fruslerías?

Un periódico contemporáneo, con una visión cosmopolita de la ciudad a la que sirve y se pertenece, no busca los procesos urbanos en los trabajos de bacheo (lo cual no significa que no se interese por el estado de las calles cuando corresponda) sino en los cambios sociales, en los nuevos referentes culturales, en las actitudes y comportamientos que marcan el rumbo de la ciudad y permiten adivinar su futuro. Y si el alcalde es incapaz de percibir esa ebullición urbana (como parece ser el caso de José Bolívar Castillo, quien habla una hora y cuarto sobre Loja y no proporciona una pista de lo que sueñan los lojanos pero nos informa al centavo cuánto gastó en mantenimiento de baterías sanitarias), peor para él. En ese caso un periódico contemporáneo no sólo no tiene por qué seguirlo, sino que está obligado a darle la espalda. Porque un periódico tiene que sintonizar con la sociedad, no con el poder.

El periodismo existe para tratar los temas de interés público, eso está clarísimo. Pero cada medio de comunicación debe ser libre de manejar su propio concepto de interés público en función de su propio proyecto editorial. Si esto no fuera así, si el único concepto de interés público posible fuera el que se dicta desde el Estado, entonces ¿para qué sirve el periodismo? Habría que reemplazar a los periodistas por mecanógrafos en las redacciones, y empoderar a los relacionadores públicos de los ministerios para que nos dicten sobre cuáles temas se debe escribir y sobre cuáles no. Si la definición de interés público corre por cuenta del Cordicom y no de las redacciones, entonces al periodismo no le queda nada.

Anuncios

6 comentarios en “Interés público, el último despojo

  1. El gesto heroico y digno del Diario La Hora de resistirse a pagar las multas constantes impuestas por el poder y sus medios de control con la intención proterva de acallarlo, tiene mucho que ver con el acto valeroso de Leónidas, quien se inmoló con sus hombres en el Paso de la Termópilas, para contener el avance del ejército de Jerjes. La contención de las huestes persas pudo haber durado mucho más, de no ser por el soplo de un traidor- nunca faltan estos especímenes en cualquier parte- que le mostró al enemigo un sendero que conducía al otro lado del desfiladero.

    La política de tierra arrasada o de “prensa arrasada”, en este caso, ejecutada por el Gobierno y sus medios de control, es un abierto ataque a la libertad de expresión. Para el cumplimiento de este nefasto propósito, los pesquisas y testaferros del oficialismo, cuentan con el engendro de la Ley de Comunicación, que fue aprobada entre gallos y medianoche, y con una telaraña de burócratas dedicados a tiempo completo a sembrar añagazas, colocar minas y trampas, para sembrar el temor en las redacciones de los medios privados e impedir que cumpla con su misión fundamental : la búsqueda de la verdad. Por lo cual resulta evidente el deseo de convertir al país en un reino de Taifas, en donde sólo prevalece el control absoluto del poder, y en donde la rendición de cuentas no tiene cabida, y nada importa el derecho de los hombres a decidir libremente sobre la suerte y el destino del suelo donde nacieron.
    No me gustaría que el silencio de muchos, que es la más cobarde de las traiciones,- no está muy lejano el cierre del Diario Hoy, al que el Gobierno le aplicó la eutanasia- nos lleve a levantarle un monumento al Diario La Hora con la siguiente inscripción: “ Caminante, ve a decir al mundo que nosotros hemos muerto aquí por defender la libertad de expresión”

    Me gusta

  2. El Chato Castillo que, en la misma honda de SM, ponía la monta en obras fastuosas, exhibió, ya en su primera administración, autoritarismo, intolerancia, desprecio por la opiniòn de la base social y medidas de corte fascistoide. Por eso sintonizó bien con la personalidad del mandatario-mandamás.

    Me gusta

  3. Lo del Castilo(y cualquier otro), relatado en la segunda parte del articulo, es la “autentica y unica rendicion de cuentas” que ofrecen con mucha parafernalia los funcionarios publicos(y muchos privados tambien), desde siempre que tengo memoria, desde vulgares rectores de escuela, pasando por gerentes y directores de empresas publicas, y obviamente ministerios y presidencias, lo que varian son los montos y la dimension de las mentiras y exageraciones de lo vulgar y trivial; como subalterno me ha tocado escuchar “voluntariamente obligado” cientos de veces en los ritos de esta clase, que generalmente van acompañados de algunos bocados y copas para que los feliciten, y para chanchullos con licores fino mas luego y en privado; como quiera que he vivido en todo tipo de desgobiernos con distintos grados de criminalidad(desde el comun robo, hasta asesinatos, incluso en masa), pueden imaginarse cuales han sido los mas “conspicuos” en estas practicas, por eso surge la pregunta: ¿vivimos una dictadura disfrazada, o una democracia ultra-autoritaria?; aprovecho para quejarme en este lugar(no hay donde mas) del atraco a dos de mis fondos privados previsionales, sin esperanza de justicia y retorno de la plata; no se si esto se publique.

    Me gusta

  4. La sanción al Diario La Hora por no publicar la rendición de cuentas del Alcalde de Loja, raya en lo absurdo e insultante. En este nuevo abuso de poder por parte del aparato institucional represor de la libertad de prensa que montaron Correa y Alvarado, se resume el estilo y la forma de gobernar perversos y sesgados que se han instituido con la “revolución ciudadana.”
    Y este estilo y estas formas de gobierno, cada día son más más procases, más prepotentes, más abusivas y más cínicas. Como sucedió, por ejemplo, el 16 de Mayo pasado durante el ridículo e insoportable circo que Correa monta todos los sábados para engordar más su ya obeso ego, cuando al comentar las críticas por su ingerencia en el nombramiento de las autoridades de la Asamblea Legislativa, y con el cinismo y la impudicia más grandes, respondió: “si, y que?” Es lo mismo que hacen con el Diario La Hora, como lo denuncia el Sr. Aguilar, pretendiendo que los medios de comunicación digan y dejen de decir únicamente lo que el gobierno les dicte. “Si, y que? Basta ya. Los medios de toda comunicación, con todas las imperfecciones que puedan tener, son indispensables en una sociedad civilizada y así funcionan en los países libres de todo el mundo. Solo en los regímenes totalitarios como el del Ecuador, se quiere callar a los medios que no están de acuerdo con el gobierno y dictarles, con partitura y todo, lo que deben y no deben decir. Esto no puede seguir así. Correa está destrozando nuestro país. No podemos los Ecuatorianos seguir mirando impávidos como estatizan nuestras vidas. Debemos reaccionar ya y buscar todos los medios posible y luchar hasta que logremos sacar a Correa y su tenebroso gobierno del poder.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s