Herencia correísta: el 77,5 por ciento a la basura

No son bobos (salvo alguno de ellos que lleva un zapato por cabeza) así que ya se habrán dado perfecta cuenta: cuando esto haya terminado –y sólo quedan 101 sabatinas por delante– todo lo que están haciendo con determinación e impetuosa enjundia será deshecho con las misma ganas. Algunas cosas con más trabajo que otras, ciertamente, pero al final todo lo aprobado desde la Ley de Comunicación para acá, es decir una larga lista que incluye el Código Penal, las modificaciones al Código del Trabajo, las reformas tributarias, los aranceles, el ministerio de la felicidad con sombrero y anexos, la Supercom y sus perros, el Cordicom y sus semiólogos de intendencia, el Plan Familia con sus monaguillos, la confiscación de los fondos de cesantía privados, el desconocimiento de la deuda de la seguridad social, el mural de Pavel Égüez en la Fiscalía, todo eso entre otras cosas irá más o menos directamente a parar al tacho de basura. Encabezarán ese desfile, con certeza, los nuevos impuestos a la plusvalía y las herencias. Valiente revolución.

Para esto hay una explicación sencilla y no tiene que ver con la supuesta restauración conservadora, con la conspiración internacional de la derecha o con la CIA. La razón por la cual a la mayoría de políticas que el correísmo ve como logros de la revolución les queda poco más de 101 semanas de vida contadas a partir de la sabatina 426 fue explicada claramente por el propio presidente Rafael Correa en su informe a la nación del pasado 24 de mayo: es lo que podríamos llamar teoría correísta de la confrontación. Supone que la democracia y el consenso son conceptos excluyentes. Que la política entendida como el arte de ponernos de acuerdo es “ambigua y amorfa”. Que la unidad es “claudicación”; el consenso, “sometimiento”; “política light, política de mostrador”. Que “la democracia del consenso es una posición profundamente conservadora que niega justamente el pluralismo y el antagonismo, (…) el disenso”. Frente a ello reivindica el conflicto, “el derecho de indignarnos, el deber de confrontar”.

Quien opina de esta forma podrá saber mucho de economía, como presume, pero en materia de filosofía política es una nulidad. El consenso no sólo que no desconoce el pluralismo, el antagonismo y el disenso sino que los asume y los procesa: el consenso es necesario precisamente porque el disenso existe. Consensuar es ponerse de acuerdo y para ello hay que negociar. Y ceder. Por eso, consenso es consentimiento. Eso no es política light, es política en serio. Sin consentimiento no hay democracia. Sin consentimiento, el legítimo “deber de confrontar” se convierte en la ilegítima práctica de atropellar, lo cual es extremadamente fácil cuando se controla todos los órganos del poder. El problema es que cuando se pierde ese control total desaparece con él todo lo adquirido por su intermedio. Porque sólo el consentimiento produce cambios duraderos. La fuerza también, claro, pero para eso hay que quedarse en el poder por cincuenta años, como los Castro. Cincuenta años son 2.600 sábados. 101 resultan muy pocos.

Los nuevos impuestos a la plusvalía y las herencias que sin duda serán ratificados por la Asamblea Nacional tal y como los quiere el presidente son el mejor ejemplo de esta política del atropello que ciertamente no es light sino super heavy. El propio Rafael Correa reconoció en su mensaje a la nación que le habría gustado aprobar esos impuestos en el año 2009. ¿Por qué no lo hizo? Porque en ese entonces no disponía de una mayoría segura en el legislativo y le tocaba consensuar, cosa que le repugna y, por lo demás, ignora. Lo hace ahora que sus asambleístas son más, muchísimos más. Y no le importa que los efectos que produzca semejante política sean puramente reactivos.

La llamada Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza, que contempla los impuestos a la herencia más altos del mundo, pretende transformar para siempre la estructura productiva nacional y la cultura económica de los ecuatorianos, cuya modalidad dominante de asociación productiva es la empresa familiar que dicha ley castiga. Uno pensaría que para cumplir semejante propósito se requiere de acuerdos mínimos y de elementales niveles de consenso, pues no hay manera de conseguir cambios culturales sin la participación de todos; o bueno, sí, hay una: a las patadas. Esa es la vía por la cual ha optado el correísmo: transformar la estructura económica del país y cambiar en su nivel más profundo la cultura productiva de los ecuatorianos con el único argumento del poder coercitivo del Estado. Como si tuviera 50 años por delante. ¿Y por qué quiere hacerlo? Porque al presidente no le gustan las herencias. Tal cual. Porque leyó un libro de Thomas Piketty o lo que fuera. Y no hay nada más peligroso que un libro leído por una persona que no lee libros, sobre todo si dicha persona tiene poder: Rousseau en manos de Robespierre da como resultado El Terror.

Obviamente, todos los posibles afectados por la nueva ley y muchos otros que posiblemente no lo sean se han puesto a la defensiva. El que menos está pensando en la manera de eludirla, sacar la plata a donde sea y como sea, abstenerse de invertir donde iba a hacerlo, mandarse a cambiar al extranjero… Si esto es beneficioso para la economía y la producción nacional no se alcanza a ver cómo. Por supuesto, el presidente insistirá en mostrarnos cifras según las cuales los nuevos impuestos a la herencia afectarán nada más que a un porcentaje mínimo de la población. No entendió nada: es lo que ocurre cuando un economista ignorante y nulo en materia de filosofía política decide, un buen día, leer un libro. Aunque sus cifras fueran correctas (cosa harto dudosa), la Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza plantea un problema cultural, no estadístico; un problema que tiene que ver con la estructura mental de los ecuatorianos. Y un problema de esa naturaleza, si no es con tiempo y por la fuerza, sólo se soluciona de la manera que al presidente no le gusta: con consentimiento.

Por lo demás, el hecho de que a 101 semanas de concluir su mandato el presidente decida aplicar semejante tratamiento de shock a la sociedad ecuatoriana constituye un reconocimiento tan completo de su propio fracaso que nos pone a dudar a todos sobre la manera como debemos valorar la herencia correísta. Si la única manera de conseguir un nivel aceptable de equidad es imponer el impuesto sobre la herencia más alto del mundo, significa que todos los esfuerzos del Estado por recaudar y regular las actividades económicas no sirvieron para nada. Significa que ocho años de políticas públicas en el campo de la educación y la salud fracasaron también en su intento de ofrecer una educación y una salud públicas que garanticen la igualdad de oportunidades para ricos y pobres (de no ser así, el vicepresidente Jorge Glas se haría atender en el hospital del IESS, no en el Metropolitano). Significa que, para lograr la equidad, hay que esperar a que se mueran los ricos. Tal cual. Y se aplaza para más tarde, debe entenderse, el tan cacareado cambio de la matriz productiva, la revolución tecnológica y el ingreso al mundo del conocimiento que dizque girarían en torno al elefante blanco de Yachay y que supuestamente iban a contar con la participación decidida del capital y la empresa privada, esa empresa privada que, en su gran mayoría, tiene una estructura familiar y, por tanto, se ha convertido hoy en el enemigo en fuga. Ni modo, en 101 semanas habrá que empezar todo de nuevo.

Valiente revolución.

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11 comentarios en “Herencia correísta: el 77,5 por ciento a la basura

  1. Yo me pregunto ¿a los politicos tambien se les aplicara ese impuesto del 75%?, porque entonces al gobierno le sobrara el dinero. ¿Se imaginan cuando se muera un diputado con 10.000.000 de dolares de herencia?, su esposa, hijos y demas solo recibiran 2.500.000.

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  2. La lupa eficiente de Roberto Aguilar nos descubre los vicios, mentiras, temores y desatinos que el correísmo trata de ocultar utilizando su gigantesca red de propaganda.
    Para no desentonar con el espíritu religioso que predomina por la visita del papa, pido licencia- yo no tengo dinero estatal para comprar la indulgencia que me redima de este “pecado”- a nuestra amada Santa Marianita de Jesús, para cambiar su pavorosa profecía, asi: “Ecuador no será destruido por terremotos sino por los malos gobiernos”. Nadie le podrá disputar el primer puesto en esta lista al “académico”. ¡Ni las indulgencias lo salvarán de este pecado mortal!.

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  3. Los resultados de este tipo de empeño comunista ya los hemos visto en Rusia, Cuba y ahora Venezuela. Cuando se termina de repartir la riqueza existente, es decir, cuando se destruye la propiedad privada, no hay nada más que repartir porque se ha perdido el incentivo para trabajar e invertir. Estos correístas (que ya han sacado millones del país, incluido el presidente que se llevó a Bélgica los $600.000.00 que extorsionó del Banco del Pichincha, diciendo que “su primera obligación era asegurar el futuro de sus hijos”) salvarán su pellejo y su modus vivendi y nos dejarán a todos iguales por abajo, es decir, todos al mismo nivel de pobreza y desesperanza.

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  4. Algo está mal… Se hacen cálculos del ¨rendimiento¨del impuesto a las herencias, se ubica quiénes y cuántos son los ¨ más ricos de los ricos¨, el gobierno está en apuros por falta de liquidez, el nuevo impuesto no tiene efectividad inmediata de cobro, dicen que el 75% pasaría a los trabajadores, entonces viene la cacería al estilo Boko Haram. Ya ubicados los más ricos de los ricos, serán objeto de atentados en seguidilla para provocar la sucesión y realizar el ¨reparto igualitario de los bienes de la producción¨, con eso, las empresas ya no serán familiares. Qué sublime estupidez!!

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  5. En el proyecto de ley se aclara que los ingresos por seguros de desgravamen y de vida están excluidos.
    Hay que agradecer que no se aplicó la que la Directora del SRI Ximena Amoroso mencionó en en un conversatorio con medios de comunicación.

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  6. Me permito acotar dos visiones este valioso artículo.

    Se menciona “….. El consenso no sólo que no desconoce el pluralismo, el antagonismo y el disenso sino que los asume y los procesa: el consenso es necesario precisamente porque el disenso existe. Consensuar es ponerse de acuerdo y para ello hay que negociar. Y ceder. Por eso, consenso es consentimiento. Eso no es política light, es política en serio”

    Una manera de verlo es pensar que “negociar es ceder”. Otra visión es que negociar es construir un estado superior en el que alcanzamos nuevos beneficios para todos.

    Un excelente ejemplo es el acuerdo de Paz entre nuestro país y el Perú. Los beneficios obtenidos para ambas partes, en términos de evitar pérdidas de vidas, ganar respeto nacional y posibilidad de intercambio comercial son muy superiores.
    Ambos países perdimos posiciones del pasado, pero ganamos futuro positivo para todos.

    ¿Donde están en el caso de esta ley los beneficios trascendentes, que superen lo que dejamos atrás?

    El segundo aspecto:

    Entre Impuesto a la Renta, Aporte personal del IESS mas todos lo impuestos y contribuciones, los ciudadanos llegan a pagar más del 50% del ingreso mensual al Estado,,,,,

    Todos aceptamos una regla que dice que “el derecho de cada persona termina donde empieza el derecho del otro.” Me pregunto ¿que derecho tiene otro para beneficiarse sobre excedentes acumulados por terceros (excedente que se generaron después pagar los impuestos que corresponden)?

    El derecho del estado también debe terminar donde empieza el derecho de un ciudadano a destinar sus EXCEDENTES como a bien desee. Asi por ejemplo, considerar la alternativa de que los seguros de vida también se consideren como herencia tiene consecuencias nefastas. En su origen, la compra de un seguro de vida nace de la voluntad de una persona de dejar de consumir en el presente, para constituir una reserva para cuando el no esté. De incluirles en la base tributable en caso de herencia, se está alentando el consumismo en desmedro de protegerse en el futuro.

    ¿Donde está aquí el beneficio para ambas partes? ¿Se privilegia el inmediatismo en desmedro de la perspectiva de largo plazo?

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  7. Quizas este ejemplo sea un ejemplo muy simplon, pero la verdad es que tambien si afecta a el pueblo de abajo que a luchado con sangre , lagrimas, perdidas humanas, e ignorancia.
    Quien no conococe en Quito, los motes de la Magdalena o los motes de San Juan?????quizas todos en la ciudad los conoce . su historia viene de hace 50 años, La Doña Panchita, salia a la esquina de la calle Gatazo y Av 5 de Junio todos los dias con su canastito de mote y sus deliciosas frituras,la finez , el sabor, hacia de ella que venda muy temprano todo pues la gente del barrio , del Batallon Chimborazo, de los colegios Paulo 6 y otrs , la dejaban vacio le hacia falta el product , al poco tiempo se consiguio un carrito de madrea en el que ella transportaba ya no uno si no dos canastos de el tipico platillo, tambien fue muy poco, alguien de muy comedido, le ofrecio en arriendo una puerta de una casa en la Magdalena , con un poco mas de amplitud, y ahi se convirtio en la primera de todos los lugares de ventas de mote en la Magdalena , poco despues , no solo rento, compro a plazos la casa; y, adecuo un pequeño lugar para sus clientes, sus hijas, le acompañaban en el trabajo que la verdad era muy duro, ella empezaba a las 3 de la mañana y terminaba a las 4 de la tarde , poco años despues, sus hijas compraron las dos de las tres esquinas exsitentes como para ventas de este tipo y se construyeron su primer edificio apenas habian pasado 18 o 20 años, una de ellas se caso y se independizo de su madre y se puso una pequeña ferreteria de barrio y crecio hasta ser una de las principales del Sur , especialmente del Pintado, y el Puente del Señor, una de las primeras nietas de la Doña Panchita, fue fundadora de los motes y otros menudos mas en la Cdla. Atahualpa , quien no conoce, quien no a comido ahi las delicias que hoy hay ahi , muchos de ellos son dueños de lindas casas hoy de vehiculos exelentes, de negocios increibles , y todo esto ha sido un emprendimiento familiar de muchas generaciones y de personas que han conocido el exito por el esfuerzo, quizas tengan una pocas empleadas o muchas eso no lo se , pero su herencia del negocio de la Magdalena , tam,bien es parte de este desequilibrado, intento de despojar a la familia su vida su producto de malas noches, de Dolores, etc etc Quizas nos tocaria ir a pedir en la tumba de Doña Panchita , que me de parte de esa herencia, una canasta de su maravilloso producto, Solo para satizfacer la enfermedad mental de una falso ideologo, que quizas ya esta a buen recaudo lo que tiene que heredar , a robo de la paciencia de un pueblo

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  8. El sr Aguilar comete un error, cree que los desgobernantes ejercen su poder para durar en la memoria gloriosa y decente, no!, lo hacen para perdurar en los textos oficiales, y en los medios afines al sistema, jamas en la memoria agradecida y consecuente, jamas en la memoria razonada y que juzga sin contemplaciones; por eso tratan de que dure en base a propaganda y desmemoria colectiva, por eso no hablan del genocidio indigena, tampoco de las haciendas de ricos y clerigos, tampoco dejan hablar de campanias de guerra serios y veraces(asi los “heroes” son legion), entonces que queda como “herencia” de un desgobierno?, nada bueno, solo leyes malas que aprovechan las elites” ladronas, solo adaptandolas para que el perjuicio solo sea para los civiles, si no lo creen, basta que miren los nuevos finqueros y hacendados, o nuevos duenios de comercios, medios de comunicacion, o seudoindustrias, vean quienes son los futuros duenios de vacas importadas, o camales con ultima tecnologia, y luego caciques politicos ëxitosos”; eso si, a los civiles nos gustaria echar a la basura todas esas leyes y reglamentos a un muladar, junto con sus autores, complices y encubridores, ahora, no despues de dos anios.

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