Rafael Correa miente: 5. El gran debate nacional

El presidente de la República ofreció un “gran debate nacional” y la comisión de Régimen Tributario de la Asamblea se puso manos a la obra. Hasta ayer era cuestión de calentar la tribuna de la Shyris, o sea: paralizar el servicio público en unas cuantas oficinas y movilizar a los burócratas, asegurar la provisión indispensable de sánduches y colas, alquilar amplificadores a los proveedores habituales, disponer un par de pantallas gigantes por si hubiera fútbol, repartir banderas, contratar el servicio de unos cuantos buses interprovinciales y llenarlos con los más preclaros representantes del lumpen proletariado ecuatoriano con la instrucción de amedrentar y meter miedo. Todo ello, claro está, con nuestra plata, que no hay de otra. A partir de hoy las cosas serán más complicadas y más costosas: este “gran debate nacional” sobre las leyes de la herencia y la plusvalía en particular y sobre “la clase de país que deseamos” en general debe durar el tiempo que sea necesario, pues se trata nada menos que de “socializar” hasta que todo quede claro. Ya sabemos cómo funciona eso: habrá que trazar un cronograma; alquilar salas en todas las provincias; comprar pasajes de avión, reservar hoteles, pagar viáticos; diversificar los proveedores, sustituir los frugales refrigerios por comidas completas, multiplicar el número de buses; confeccionar más banderas; redoblar los esfuerzos movilizadores con el concurso de Rodrigos Collahuazos y otros líderes sociales especialistas en llenar salas a pedido; inventarse un complicado sistema de inscripciones, retribuciones, registros, informes, comisiones y subcomisiones; diseñar papelería, logotipos, trípticos, emblemas; gastar en propaganda (no se descarta la producción de un jingle), lanzar un videoclip. En fin, hacer que alcance para todos. Redistribuir, vamos. ¡Ufff! Tanto trabajo para volver al ya anunciado punto de partida, a saber: que las leyes de la herencia y la plusvalía son el Santo Grial y que el país que queremos es el país que tenemos, un país correísta. Para entonces ya será tiempo de campaña electoral. De eso se trata.

Pero hay una razón inmediata y más urgente para tanto esfuerzo. Ocurre que el presidente de la República, que andaba por Europa, regresó el domingo a un país diferente del que dejó ocho días antes. Salió de un Ecuador que callaba; volvió a un Ecuador que grita. Y él no está acostumbrado a eso. No lo entiende. Le gustaría que las cosas fueran como antes pero carece de imaginación política para lograrlo. En su lugar, sólo dispone de un aparato de propaganda con un gran zapato por cabeza. En tales circunstancias no hay nada mejor que una “socialización” como Dios manda para recuperar la ilusión de la normalidad perdida. Lo que el país tiene ahora por delante es un espectáculo más bien patético: el gran esfuerzo desplegado por el aparato correísta para autosugestionarse.

Todo es una sucesión de ilusiones encadenadas una tras otra. Para empezar, el lunes, el gobierno obligó a cientos de empleados públicos a asistir a la Plaza Grande con el fin de que Rafael Correa saliera al balcón y tuviera la ilusión de estar hablando con el pueblo. Los burócratas ya no se dejan manipular tan fácilmente, así que la plaza se ocupó escasamente a medias pero el presidente exteriorizó su ilusión de que estaba llena. Luego lanzó unas cuantas mentiras sobre la supuesta violencia inusitada de las en realidad festivas y pacíficas protestas. Se explayó atribuyendo a sus rivales todas aquellas características por las cuales se ha hecho famoso en los últimos ocho años: los llamó insultadores, prepotentes y agresivos, dijo que sus manifestaciones eran de gente manipulada, los acusó de tener autos de lujo… “Ellos tienen la fuerza”, llegó a decir en el colmo de su ilusión esquizofrénica, rodeado de guardaespaldas y ante una plaza regada de militares a sus órdenes. Durante largo rato se comportó como si viviera la ilusión de hallarse en campaña electoral, como si su problema fuera Guillermo Lasso, candidato opositor, en lugar de una multitud de ciudadanos autoconvocados para putearlo. Por último, escenificó la ilusión del hombre fuerte: “no cedimos en una coma, no cedimos en una vocal y jamás cederemos”.

Parece que lo pensó mejor. Por la noche volvió a dirigirse al país, esta vez en cadena nacional, con la ilusión de que no dijo lo que dijo. En lugar de la cara de gallito peleón de toda la vida fingió como pudo una sonrisa para crear la ilusión de que es un buen tipo, sencillo y comprensivo. Y bueno: no fue una coma, no fue una vocal, fue el proyecto entero de la ley de herencias el que retiró “temporalmente” con la ilusión del monaguillo: para procurar “un ambiente de paz, regocijo y reflexión” apropiado para recibir al papa Francisco. Esta medida, dicho sea de paso, obedece a la ilusión de que ese proyecto de ley es la causa única de las protestas, cuando cualquiera sabe que el malestar es mucho más profundo y la toma de conciencia es de mayor envergadura que la simple inconformidad ante un impuesto. De cualquier forma y para disimular esta derrota, es decir, para producir la ilusión de invencibilidad con que alimenta su ilusorio mito, se inventó la ilusión más grande de todas. La llamó “gran debate nacional”.

Al día siguiente, la mayoría correísta de la comisión de Régimen Tributario ofreció una rueda de prensa para explicar las dimensiones de semejante mentira. Dirigió la conferencia Virgilio Hernández, presidente de la comisión, quien la víspera se había situado, en el balcón de Carondelet, a tres escasos puestos del caudillo. ¡Nunca había subido tan alto en los últimos ocho años! La última vez que se paró junto a un presidente en un acto oficial de esa importancia el presidente era Lucio Gutiérrez. Ahora tiene que emplearse a fondo si quiere repetir la experiencia que seguramente fue, no hace falta decirlo, orgásmica. Así lo hizo.

Para empezar, en este gran debate nacional ¿cuál es el tema sujeto a debate? Aparentemente ninguno: lo primero que dejaron sentado los miembros de la comisión es que ellos tienen la razón, que no hay nada que debatir: “ratificaremos –dijo Hernández– que volveremos a tratar estos proyectos y que seremos millones”. En segundo lugar, ¿con quién se va a debatir? Pues parece que con nadie: los otros sólo son unos ricachones defensores del gran capital y sus lacayos, que no merecen la menor consideración por inmorales. Rosana Alvarado lo explicó claramente: “Abriremos ese debate –dijo– con todos los sectores convencidos de la necesidad de evitar que lo que está sucediendo en el mundo (el enriquecimiento por vía de herencia) continúe sucediendo en el Ecuador”. O sea con ellos mismos. No es extraño que aquello que Correa llamó “gran debate nacional” terminara en esta rueda de prensa convirtiéndose en “una gran campaña cívica”, según Hernández, o una “socialización”, según Alvarado.

¿Ya se enteraron el presidente y los asambleístas de la comisión de Régimen Tributario lo que les importa su debate nacional, campaña cívica, socialización o como quieran llamarlo a las multitudes que protestan en las calles? Esa misma noche, en uno de los túneles de Quito, un auto de lujo, sin placas, con cristales oscuros, sirena, luces blancas, azules y rojas y algún alto funcionario de gobierno en su interior, reclamó prioridad de paso a la cola de carros que avanzaba lentamente. El chofer hizo una maniobra para eludir la fila y trató de abrirse camino por un costado a bocinazo limpio. Alguien, un ciudadano de la cola en un auto común y corriente, pitó molesto; otro cerró el paso del impertinente; un tercero, un cuarto, un quinto sacaron banderas negras, empezaron a gritar consignas; todos se movieron para que el funcionario no pudiera avanzar. Éste, resignado, apagó las enceguecedoras luces titilantes, desactivó la sirena y guardó su puesto, igual que todo el mundo. Calladito. Como corresponde. ¿Quién era? Nunca se supo. Pudo ser Virgilio Hernández. Pudo ser Rosana Alvarado. Puso ser cualquiera de los nuevos ricos. ¿Y ahora? ¿Así va a ser en adelante? Parece que sí. Para evitarlo, debieran contemplar la posibilidad de vender sus autos de lujo, comprarse un Fiat Uno y repartir la plata sobrante entre sus empleados. Redistribuir, vamos.

Anuncios

8 comentarios en “Rafael Correa miente: 5. El gran debate nacional

  1. Roberto Aguilar es un periodista lúcido. Aunque no participo de la clasificatoria cerrada que etiqueta a personas dentro de clases sociales, como si fueran compartimentos estancos, no veo en este momento qué otro lenguaje pudiera este articulista utilizar para opinar – a la manera de manifiesto en que él lo hace – sobre lo que es ya una tendencia en América Latina: el despertar del profundo sentido conservador que anima actualmente al ala de las izquierdas en el poder. En el caso del Ecuador, la “Nueva Izquierda”, abandera en sus prácticas una manera de imponer la autoridad presidencial recalcitrante; olvida que la lealtad no es una virtud sino una relación social, casi un contrato diádico y que sus consecuencias son para ser pensadas, no acatadas a ciegas; utiliza todo el sistema de gestión de lo público para pago de prebendas políticas; desmembra el tejido social y en los casos más violentos (por ejemplo Venezuela), termina por anquilosar su crecimiento y renovación.
    El artículo de Aguilar, es una mini etnografía de lo que en realidad es el supuesto diálogo que promete Correa: la “oportunidad” de escuchar una vez más largos, aburridos y vacíos monólogos, pagados con el dinero de los ecuatorianos/as.
    Así, como lo describe el escritor, es como se manejan los POAS, PICS, PACS y otros ACS, creados bajo el aura de la planificación, la misma que jamás ha podido cumplirse, debido a las urgencias de Rafael Correa y su séquito principal. Las personas que trabajan en el sector público lo saben. Por eso ya no salen con tanto entusiasmo a llenar las plazas.
    ¿Un presente para ver, oír y callar?, ¿Un futuro sin imaginación, sin viabilidad ética, sin una economía saludable?
    Si así es la revolución, entonces no, muchas gracias.

    Me gusta

  2. Correa ha venido gozando de resultados electorales favorables- no del último, que fue un gran revés para sus afanes de mandamás absoluto- durante los años de un ejercicio del poder total asentado sobre elecciones y consultas consecutivas. Tenía tanta seguridad en los procesos electorales, que quería convocarlas por “quítame estas pajas”. Tanto era así que a cualquiera lo condenaba al silencio por no tener los votos para hablar. Era como el muchacho de barrio que quiere darse de golpes con todo extraño a su vecindario, todo por afirmar que es el mejor trompón. Una actitud parecida a los que tienen chequeras gordas, que les permite usar el dinero para comprar lo que se les antoje, justicia incluida, la misa, la amante, el legislador, y el cura del barrio. Aquellos ricos que tanto desprecia, y que ahora conforman su claque de devotos.
    Pero las cosas han cambiado dramáticamente para el goleador, para el gran rompe redes ecuatoriano ,ganador de incontables doctorados honoris causa. En el cuarteto bolivariano era considerado como el mejor representante de la línea de atacantes,claro, después del inmortal Chávez. El goleador de la larga noche del neopopulismo bolivariano ha sufrido un desgarro en su rodilla izquierda que le va a impedir ser el titular del cuarteto, no se sabe por cuanto tiempo. Muchos dudan que vuelva a ser él de antes.Quizás podría terminar su meteórica carrera en un equipo de segunda en Bélgica.
    Como enfriar el partido es la treta que se utiliza en el fútbol cuando se tiene la victoria en el bolsillo, los asesores del correísmo han ordenado enfriar las calles, para tratar de apagar la indignación popular, que ha crecido torrencialmente, le ha perdido el miedo al rival, y ataca sin piedad el arco correísta, y sin tener ninguna dirección de técnico alguno amenaza con remontar el marcador adverso y ganar por goleada el partido.
    No nos llamemos a engaño con el cuento chino que Correa va a rectificar. Tenemos la certeza que el correísmo va a usar la visita del papa para enfriar el partido. El archivo temporal de los proyectos es otro cuento. Y sabemos que el descontento acumulado se ha generado hace mucho tiempo por el abuso de poder. Que el Ecuador no vive en un Estado de Derecho es una verdad irrebatible. ¿ Quién nos asegura el respeto a la consulta que ahora quiere permitir?¿ Ya se olvidaron de la burla a los Yasunidos,?¿ Quién concentra todo el poder?¿Quién maneja todas las instituciones?
    Correa no va a cambiar, y sólo está enfriando el partido. ¿Saben por qué?Porque el refrán popular es muy sabio, y le calza al momento que vivimos:”Al que nace pipón, ni aunque lo fajen”. !No se equivoquen otra vez.!

    Me gusta

  3. El análisis preciso, como siempre, en realidad me pareció patético verlo en el balcón disfrutando solo él de la fiesta. De verdad llega a tanto el autoengaño? Cómo un economista no entiende que quienes protestan no son los empresarios sino los empleados, millones que viven gracias a esas empresas?. Adelante, sus artículos son un aliciente ante tanta mediocridad.

    Me gusta

  4. Despues de leer el magnifico articulo de Roberto Aguilar, uno no puede sustraerse a sentir una enorme indignacion por el pobre concepto que Rafael Correa tiene de los ecuatorianos y por la manera burda como insulta nuestra inteligencia cada vez que miente con descaro y con el perverso cinismo que le caracteriza. El llamado “dialogo o debate nacional” al que convoca para tratar los esperpentos de leyes sobre temas tributarios, no es tal de ninguna manera. Para Correa, “debate” significa que una manada de borregos, como en las “sabatinas”, se siente en un auditorio para escuchar, (SIN DISCERNIR, SIN CUESTIONAR), lo que los los sabios de la “revolucion ciudadana” tienen que decirnos sobre un tema determinado, y, eso si, acatar lo que se diga sin chistar. Llamar “debate” o “dialogo” a la imposicion de lo que Correa quiere, es definitivamente un acto de prepotencia y estupidez, en el entendido de que los dos terminos son absolutamente complementarios. Correa es prepotente y es estupido al pensar, primero que le creemos y, segundo que, como dice el articulista, las ultimas leyes son la unica causa del descontento popular. Correa no entiende, ni entendera jamas, que ya nadie le cree, que la mayoria de los ecuatorianos queremos que salga del poder, que no aguantamos mas el cumulo de diarios desaciertos, torpezas y abusos que tienen al Ecuador sumido en una crisis profunda en todos los ordenes. Correa lo que quiere con estas mentiras es que la gente no siga saliendo a las calles. Correa, que es intrinsecamente cobarde, le tiene miedo, le tiene pavor a la gente en las calles, por que sabe que asi se saco de Carondelet a otros satrapas como Bucaram y Gutierrez. Por eso, la respuesta de los ecuatorianos debe ser el incremento de la protesta en las calles y el permanente mensaje de !! BASTA YA !! y !! Fuera Correa, Fuera !!. Correa, tus dias estan contados.

    Me gusta

  5. Un comentarista de La Hora, bastante lucido en sus analisis, dijo algo terrible: ¿con quien puede dialogar Correa, si se ha empeñado en descalificar y desconocer los organismos sociales que en caso extremo representan a los colectivos del pais(maestros, indigenas, obreros, estudiantes, etc.)?, los sucedaneos que se invento(red de maestros, CUT, asociacion de nacionalidades, “nueva” FEUE, etc.) realmente son cuatros pelagatos deseosos de troncha, esquiroles, traidores a sus colegas, etc., no representan ningun caudal de manifestantes o votantes, y obviamente no pueden movilizar manifestantes convencidos, ya ni siquiera con sanduche y cola; ¿entonces que planea o ya ejecuto?; la respuesta esta a la vista: represion, y de la mas violenta, para eso “policio” la milicia, les compro equipo antimotines, armas, vehiculos, y todo lo que pidieron, dinero incluido; como ya sabemos, nunca hubo guerra de veras, maximo escaramuzas sobredimensionadas y sus “heroes”, el papel de las “gloriosas”, mas bien ha sido el de cipayos de los gringos, pretorianos(golpes de estado con “plata”), y tropas de ocupacion de su ¿pueblo?, es decir el sosten del sistema y nada mas, nada menos, por eso los maestros ganan menos que soldado o policia raso, y su seguro se va al diablo, es decir tenemos como en Venezuela una dictadura militar dirigida por unos “civiles” partidistas; entonces ya saben por donde va el “dialogo y debate”; ciudadanos compatriotas, ¡uds. deciden!, vivir de rodillas, o protestar como se pueda, rechazando a canallas anteriores como los del PSC y afines.

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s