Xavier Lasso o el déspota candoroso

¿Igualdad o libertad? ¿Cuál de las dos es preferible? El dilema se lo planteó Xavier Lasso –él solito, sin que nadie se lo preguntara– en una entrevista con Santiago Estrella, de El Comercio: “Cuando me planteo la discusión entre igualdad y libertad –dijo de buenas a primeras– prefiero la igualdad”. Se agradece la sinceridad del canciller encargado. O su candor, quién sabe. Sus palabras retratan no sólo una forma de pensar, sino una manera de gobernar. No es una casualidad que en esa misma entrevista defendiera a la dictadura cubana como “la representación de la dignidad de los pueblos”, justificara el arresto ilegal de la ciudadana brasileña Manuela Picq (tan ilegal que fue necesario un parte policial fraudulento para encubrirlo) y abogara por la presencia de un Estado que diga –son sus palabras– “vamos a poner orden”. Todos los pueblos aspiran a la igualdad, es cierto. Pero servirse de ese pretexto para postergar la libertad es una desvergüenza, un subterfugio totalitario del cual Xavier Lasso quizá, y no es excusa, no sea del todo consciente.

En los años setenta, cuando el proceso Padilla dejó fuera de toda duda razonable la naturaleza despótica del régimen cubano; cuando quedó claro que la implantación de un sistema policial y la supresión de libertades en la isla no eran inventos de la CIA, nuestras izquierdas recurrieron a un pretexto idéntico para seguir apoyando a la dictadura: en Cuba, se dijo, había salud y educación (la misma salud y la misma educación) para todos; es decir que en Cuba había igualdad, y eso era lo importante. La libertad podía esperar. La idea era la misma que ahora el canciller encargado quiere ver aplicada en el Ecuador: primero la igualdad, luego la libertad.

Según este razonamiento, resultaba intolerable que Pinochet violara los derechos humanos en Chile, porque además de gorila era neoliberal, pero había que hacerse de la vista gorda cuando Castro los violaba en Cuba porque se supone que pretendía construir un sistema socialista basado en la igualdad.

Cuarenta años después no sólo que la libertad en la isla sigue tan ausente como en los tiempos de Heberto Padilla sino que la supuesta igualdad demostró ser un espejismo, salvo que nos refiramos a la igualdad en la miseria. Quien lo dude puede ver el documental Canción de barrio (que cualquier correísta encontrará admisible porque es de Silvio Rodríguez), donde se retrata con crudeza la realidad de gran parte de la población cubana: pobreza extrema, hacinamiento, insalubridad, falta de oportunidades… Todas esas desgracias sociales que se nos hizo creer que sólo ocurrían bajo el capitalismo. Pero sobre todo esa sensación de indolencia, de inalterable inmovilidad que ha logrado instalarse en las mentes de los cubanos y que hace ver cualquier intento de cambio como infructuoso de antemano, cualquier trabajo como inútil, cualquier acción como inservible, salvo la fuga. ¿Para esto sacrificaron sus libertades los cubanos hace más de cincuenta años? ¿Es eso lo que Xavier Lasso propone para el Ecuador? ¿A eso llama “la representación de la dignidad de los pueblos”? ¿Qué es para él lo digno? ¿La falta de libertad o la miseria?

“Cuando me planteo la discusión entre igualdad y libertad, prefiero la igualdad”. Xavier Lasso habla como si la igualdad y la libertad fueran el agua y el aceite, el vino y la cerveza, Emelec y Barcelona. Como si tuviéramos que elegir una u otra. Por fortuna no es así. Parece más razonable pensar que la igualdad es un proyecto que sólo puede conseguirse en libertad. Quienes hicieron la revolución francesa pusieron ambos valores en el mismo nivel. Entendían que la igualdad sería el resultado de la libertad política o no sería nada en absoluto, como explica Tocqueville en El antiguo régimen y la revolución. La igualdad sin libertad que pregonan los regímenes despóticos (y sólo ellos), conduce necesariamente a la desintegración de la sociedad, sostiene el mismo autor en otra de sus obras clave: La democracia en América. Pero no hace falta citar pensadores que, como él, son despreciados por los correístas, quienes mayormente lo conocen de oídas y cuya revisión ideológica empieza por enterrar a Montesquieu. Bastaría con acudir al propio Carlos Marx. Ése sí les gusta. Y al Carlos Marx del Manifiesto comunista, nada menos. Al Carlos Marx para quien la sociedad igualitaria, la sociedad sin clases, se define como aquella donde “el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos”. Marx, que durante toda su vida ejerció una libertad de pensamiento y expresión sin restricciones, creía que la igualdad habría de construirse sobre un requisito indispensable: la libre asociación.

Si Marx viviera en el Ecuador correísta no tendría donde publicar, sus asociaciones obreras serían disueltas por el ministerio del Trabajo y probablemente la cancillería le quitaría la visa y lo confinaría en el Hotel Carrión por meterse en actividades políticas. Sus esfuerzos por constituir una Internacional Comunista serían un atentado contra la soberanía. Luego vendría Xavier Lasso para justificarlo todo diciendo que la igualdad viene primero. Una joya.

“La discusión entre igualdad y libertad” de la que habla el canciller encargado es un falso dilema. La pregunta es: ¿quiénes se lo plantean? La historia nos enseña que son precisamente los regímenes despóticos y sólo ellos. Sólo existe “discusión entre igualdad y libertad” para aquellos que no creen en la una ni en la otra, aquellos que consideran que la igualdad es una dádiva que el Estado otorga a la sociedad a cambio de que ésta deponga sus libertades y se someta a un poder cuya consigna es “vamos a poner orden”. Ese concepto, el de orden, es en realidad el único que cuenta. No es casual que la propaganda correísta (incluyendo aquella que se hace pasar por periodismo) haya desprestigiado, entrecomillándolas, las ideas de libertad y derechos humanos, al mismo tiempo que ha enaltecido la palabra dictadura. Quieren hacernos creer que lo hacen en nombre de la igualdad. Mentira: lo hacen en nombre del orden.

Poner orden: Manuela Picq es arrestada violenta e ilegalmente, privada de su visa sin motivación jurídica y expulsada del país sin debido proceso. Interrogado al respecto Xavier Lasso responde: “El Estado tiene el uso legítimo de la fuerza. Por eso tiene Policía y Fuerzas Armadas”. ¿Se dio cuenta de lo fascistas que suenan estas palabras? Porque una cosa es que el Estado detente el monopolio de la violencia legítima, lo cual es cierto; otra muy distinta es que cualquier violencia ejercida por el Estado sea legítima y justificada. Lo que está diciendo Lasso es que el Estado abusa de la fuerza porque puede. Cuando la libertad se posterga en nombre de la igualdad cualquier cosa es posible: los ciudadanos estamos en la indefensión.

“A partir de la igualdad vamos a discutir la libertad”. A discutirla, ni siquiera a otorgarla. Y como la igualdad, cualquiera lo sabe, es un proyecto a largo plazo, la libertad es un tema del que se ocuparán las generaciones futuras. Las palabras de Xavier Lasso alcanzan para justificarlo todo: desde la persecución al periodismo hasta la supresión de la libertad de asociación, expresada en el cierre de varias organizaciones (como Pachamama y Fundamedios) por el delito de tener una posición política ante lo que está ocurriendo en el país. Pocas veces un funcionario correísta nos ha pintado con tan descarnada simpleza toda una filosofía de gobierno: la filosofía del despotismo.

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8 comentarios en “Xavier Lasso o el déspota candoroso

  1. Tiene razón Ramiro, no se puede separar igualdad (o equidad) de libertad, ni de la fraternidad u otros valores humanos profundos, los derechos son integrales. No hay sociedad en el mundo que haya logrado aún ese equilibrio, tal vez las culturas ancestrales son las que más se han acercado a la armonía entre los propios seres humanos, la madre tierra y el cosmos.
    Sin embargo, no comparto sus aseveraciones, cuando se refiere a Cuba: “…salvo que nos refiramos a la igualdad en la miseria…” “… ¿Para esto sacrificaron sus libertades los cubanos hace más de cincuenta años?” y en general sus insinuaciones sobre el proceso cubano. Ello puede alimentar un discurso conservador y xenofóbico, que para nada lo necesitamos en el actual momento.
    Los alcances de la libertad son amplios, infinitos diría, los senderos son diversos y están siempre en construcción. Criticamos (con razón o sin razón) la limitación de muchas libertades en La Isla, pero el video documental “canción de barrio”, lejos de producir el efecto que usted probablemente esperaba, en algunos de nosotros produce nostalgia, solidaridad y respeto por el pueblo cubano, que se ha jugado por un sueño, un sueño que debe ser diferente del despilfarro y la abusiva concentración del capitalismo. Un sueño de sociedad humilde, igualitaria, libertaria y fraterna, aunque haya encontrado obstáculos en el camino, y aunque incluso pensemos que ha fracasado.
    Si entramos a los barrios más pobres de Washington o Nueva York, o de otras urbes del capitalismo central (para no mentar siempre los del Tercer Mundo), seguramente encontraremos peores miserias que las vistas en este documental, encontrará las más graves expresiones de la violencia capitalista.
    Pero claro que hay cosas que cambiar, siempre para mejor, eso lo saben los cubanos, como lo señala el mismo Silvio Rodríguez en el documental.
    Respeto, en general, el proceso cubano y su intento de construir una nueva sociedad más justa, incluso con todas sus falencias, carencias y abusos. Es comprensible que hoy tengamos muchas dudas y nos sintamos de alguna manera tocados los ecuatorianos. Algún día, los líderes cubanos caerán en cuenta del error histórico de haberse comprometido y apoyado a caudillos seudorevolucionarios y mesiánicos como Correa, ello les está pasando factura, al menos en Latinoamérica.
    Finalmente y separando tajantemente, otra cosa muy diferente es el gobierno prepotente y abusivo de la “revolución ciudadana” en el Ecuador, claramente alineado con el capitalismo mundial, en el que muy bien retrata usted a un personaje como Xavier Lasso: “Pocas veces un funcionario correísta nos ha pintado con tan descarnada simpleza toda una filosofía de gobierno: la filosofía del despotismo.”

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  2. Qué es lo que quieren? Imponernos la igualdad a la fuerza? En qué términos, obigándonos en contra de nuestra voluntad, es decir atentando en contra de nuestro libre albedrío y nuestrosderechos individuales? Quién cree el señor Lasso que es. Un ser superior que dispone de condiciondes, libertades y derechos de las personas?
    Las personas son individuos, seres únicoss e irrepetibles. Unos tienen iniciativas, otros tienen vicios, unos son laboriosos, otros llevan la vagancia en la sangre. Muchos son ahorrativos, otros se gastan hasta lo que no tienen. Unos estudian, otros no saben ni leer.
    Es por ejemplo el Señor Lasso, igual a su hermano? Lo envidia? Tienen diferentes vicicos o virtudes? Cómo son sus familas? Tienen los dos el aprecio de sus amigos? Cómo es que su hermano llegó por tanto tiempo a ser un director en un banco de prestigio, sin tiene un título universitario? Tiene capacidaes innatas? Mientras el Ministro encargado que hizo de su vida? Tiene igualmente una forttuna?
    Ni entre hermanos crecidos en un mismo medio familiar se puede concebir la igualdad de las personas. cada uno es distinto. En cuanto a equidad, Cadaa quien debe tener lo que merece.

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  3. Triste papel de alguien,que ayer consideraba decente y buena persona ,cuando despedía a su audiencia en la TV,diciendo “Pásenla Bien”,Son las metamorfosis Kafkianas que produce el poder.Hoy como canciller encargado,haciendo acopio de una agresividad inusitada dice con desparpajo “Primero la igualdad,luego la libertad”,y penosamente nos recuerda al dictador Stalin cuando para justificar sus crímenes decía:”Si,estoy convencido que el pensamiento es mas poderoso que las armas.Siendo así,como puedo dejar vivos a los que piensan”.Es indudable que el canciller suplente está alineado en este pensamiento cuando declara a la prensa que primero es necesaria la igualdad económica y social,y después está la libertad y la democracia.En la mentalidad de este vocero de la revolución ciudadana,que esta convencido del carácter teleologico de su proyecto político,todo se justifica por lograr el objetivo de la igualdad, el fin justifica los medios,parece remarcar,desde las alturas del poder. Cabe pensar que Lasso está hablando de la muerte,porque solo allí nos igualamos los humanos.Con toda seguridad no está hablando de libertad, porque eso significa estar vivos,habitar la tierra y disfrutar libremente de su belleza.Sin duda,Lasso olvido las prioridades de la mayoría de ecuatorianos,por eso le recuerdo:Primero y ante todo,respeto a los derechos humanos,luego la democracia,despues el estado y mucho después,al último, su gobierno

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  4. Estos socialistas van en contra de la naturaleza. Quien les dijo que los seres humanos somos iguales? No, no lo somos. Cada uno de nosotros tenemos, objetivos, planes, metas, intelecto, caracter, etc que son unicos y no se pueden generalizar en nombre de la igualdad. Por lo tanto, el estado, y el gobierno de turno, estan en la obligacion de velar por el bienestar ciudadano; asegurarse que sus derechos no sean violentados; proveer de instituciones pequeñas, pero fuertes, al servicio de la ciudadania; y por sobre todo, ayudar a que las personas lleguen tan alto como su aptitud y talento lo permitan. Por lo visto, nada de esto le interesa al actual regimen.

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  5. Un principio básico de la filosofía política establece que igualdad y libertad son categorías opuestas y complementarias (como diría Marx). En una sociedad armónica debieran coexistir ambas en un equilibrio necesario. Debe ser por ello que la ideología que inspiró a la revolución francesa introdujo un tercer elemento estabilizador: la fraternidad. Y la fraternidad no es otra cosa que un componente de amor, el que según Fromm consiste en asumir tres compromisos básicos: a)respetarse los unos a los otros, b) protegerse los unos a los otros y c) confiar los unos en los otros. Sobre ese fulcro de fraternidad, la igualdad y la libertad se pueden equilibrar, son posibles y pueden coexistir. La libertad no es posible sin igualdad en ciertos aspectos, como por ejemplo el acceso a los derechos fundamentales y la igualdad no es posible sin la libertad para elegir y distinguir lo bueno de lo malo, Sería bueno que los críticos y criticados en este artículo no perdieran de vista que sin fraternidad, la libertad y la igualdad inevitablemente entran en curso de colisión.

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