Diciembre cantando: ¿con bemoles, Presidente?

Según el Presidente, pasaremos diciembre cantando. Pero hay muchas preguntas que aguan la fiesta. Carta abierta de José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar a Rafael Correa.

 

Señor Presidente,

Usted había prometido ser muy creativo en la coyuntura actual. La verdad lo ha sido. Tanto, que el país no alcanza a imaginar, como usted mismo reconoció en su última sabatina, todas las cosas que usted y su gobierno han hecho para tapar unos huecos con otros huecos. El año termina con una retahíla de buenas noticias sobre créditos e inversiones, pagos puntuales de deudas, aguinaldos y su alegre promesa de que “vamos a pasar diciembre cantando”. Sigue leyendo

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La paradoja de Trasímaco: de cómo un doctor honoris causa puede causar vergüenza ajena

Considerando la recesión económica y el posible desastre que se avecina, este artículo carece de importancia. Es un simple ejercicio de asociación libre de ideas a partir de un puñado de declaraciones del presidente de la República sobre su viaje a Francia. Salta de un tema a otro con desenfado y sin concierto. Hay, sin embargo, un hilo conductor: la fatuidad del presidente y sus títulos honoris causa. Lo dicho: carece de importancia.

En la última sabatina antes de su viaje a Francia Rafael Correa hizo como que ya perdió la cuenta del número de doctorados honoris causa que ha coleccionado. “¿Cuántos tengo?”, preguntó pidiendo auxilio a sus asistentes con su característica sonrisa agria. “¿Trece, catorce?”. De todos los personajes que ha representado éste es el menos verosímil. Porque vamos a ver: ¿cómo hace un presidente para conseguir en ocho años el doble de títulos honoris causa de los que consiguió Albert Einstein en su vida entera? Pues fácil: poniéndole empeño, dedicándose. Y cualquiera que conceda tanta importancia a una tarea tan vacua no puede menos que mantenerse al corriente de los resultados. Sigue leyendo

Ministro Serrano, la Policía no es su fuerza de choque

Señor ministro del Interior:

Ya no sorprende su versión sobre los hechos de violencia del pasado 3 de diciembre. Ya no sorprende oírlo mentir con una solvencia que sólo pudo haber aprendido de su jefe, el presidente de la República. Ya no sorprende verlo a usted representar con él, cada sábado posterior a una manifestación importante, el ridículo sainete del policía bueno y el policía malo: el presidente exigiendo más represión, más detenidos, menos tolerancia; usted llenándose la boca con aquello de “el uso progresivo de la fuerza”. Desde junio venimos asistiendo a este espectáculo de miseria. Sigue leyendo