El periodismo es un asunto personal

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2016 será un año de definiciones electorales: el correísmo celebrará su convención nacional y pondrá en escena, como en ocasiones anteriores, el gran montaje de la democracia interna para ungir a un candidato que habrá sido previamente designado por el presidente.

2016 será un año de recesión económica galopante: Rafael Correa gobernará, como viene haciendo desde diciembre, con todas sus energías puestas en la urgencia de llegar al 30 de cada mes y seguir vivo, objetivo que se volverá cada vez más difícil de alcanzar a partir del segundo semestre del año.

2016 será un año de propaganda aplastante: el gobierno maquillará, como ya es norma, todas las cifras disponibles y duplicará sus esfuerzos para mantener a buen recaudo del público la parte más comprometedora de la información pública. Mientras tanto, la comunicación oficial se concentrará en la construcción del mito de la revolución ciudadana, esfuerzo que desde ya ocupa la mayor parte de las sabatinas presidenciales.

Una sociedad desinformada requiere el correísmo para cumplir estos propósitos. Desinformada y en consecuencia adormecida, porque la información es el combustible que pone a trabajar los cerebros de las personas y sin ella no hay formación de opinión posible. Por eso 2016 será, ya es, otro año de guerra oficial contra el periodismo. Y, al mismo tiempo, es el momento en que el periodismo se vuelve más necesario, más urgente.

2016 es, por lo difícil, un año para no abandonar el periodismo. Un año para salir en defensa de este oficio sin el cual no hay ciudadanía ni democracia posibles. Sigue leyendo