Admitámoslo: somos un país de mierda

A las mujeres venezolanas las empiezan a acosar el día en que pisan el país. La exuberancia caribeña parece sobrepasar todas las líneas rojas hormonales del mojigato macho andino. Y las represiones sexuales durante largo tiempo contenidas, espoleadas por una posición de poder en la que inciden la pobreza, el desempleo o la falta de papeles migratorios de las víctimas, brotan desenfrenadas y aborrecibles. Hay que oír lo que cuentan estas mujeres, jóvenes como casi todos los emigrantes de su país en el nuestro, muchas de ellas con títulos universitarios y compelidas a trabajar lavando platos, sirviendo mesas o vendiendo arepas en las calles. Sus testimonios son una bofetada en la falsa conciencia que los ecuatorianos hemos construido sobre nuestra supuesta calidad de pueblo amable, generoso, buen anfitrión, cordial con los visitantes, solidario… En fin, todas esas mentiras  que llevamos metidas en la cabeza y que el aparato de propaganda multiplicó durante diez años, cada vez que el lobby o los negocios cataríes de algún Alvarado nos conseguía una candidatura para los World Travel Awards o lo que fuese.

Sigue leyendo

La farsa del postcorreísmo tiene un nombre: Rodas

¿Qué cosa era el postcorreísmo? Durante el último año del anterior gobierno los ecuatorianos discutimos ese concepto sin cesar. Era una especie de horizonte al cual, lo sabíamos, no bastaría con llegar: una vez ahí había que construirlo. Era una tarea que concernía por igual a políticos como a periodistas, a empresarios y miembros de las élites como a ciudadanos rasos… ¿Qué ocurrió? Da la impresión de que la hemos dejado en manos de Lenín Moreno. Porque la palabra postcorreísmo desapareció de nuestro vocabulario y del debate público ni bien Correa dejó la Presidencia, como si el país hubiera renunciado implícitamente a esa posibilidad. Quizás nada demuestra mejor este conformismo y esta indolencia nacional que la sobrevivencia política (con el apoyo de élites, medios de comunicación y aliados de todos los colores) del más nefasto de los políticos quiteños de la actualidad: el alcalde Mauricio Rodas.

Sigue leyendo