Admitámoslo: somos un país de mierda

A las mujeres venezolanas las empiezan a acosar el día en que pisan el país. La exuberancia caribeña parece sobrepasar todas las líneas rojas hormonales del mojigato macho andino. Y las represiones sexuales durante largo tiempo contenidas, espoleadas por una posición de poder en la que inciden la pobreza, el desempleo o la falta de papeles migratorios de las víctimas, brotan desenfrenadas y aborrecibles. Hay que oír lo que cuentan estas mujeres, jóvenes como casi todos los emigrantes de su país en el nuestro, muchas de ellas con títulos universitarios y compelidas a trabajar lavando platos, sirviendo mesas o vendiendo arepas en las calles. Sus testimonios son una bofetada en la falsa conciencia que los ecuatorianos hemos construido sobre nuestra supuesta calidad de pueblo amable, generoso, buen anfitrión, cordial con los visitantes, solidario… En fin, todas esas mentiras  que llevamos metidas en la cabeza y que el aparato de propaganda multiplicó durante diez años, cada vez que el lobby o los negocios cataríes de algún Alvarado nos conseguía una candidatura para los World Travel Awards o lo que fuese.

El entusiasmo y la dedicación de los activistas, el compromiso de muchas mujeres involucradas en la política y la repercusión que alcanzan los mensajes en las redes sociales han conseguido colocar el tema del acoso sexual y la violencia machista en el tope de las preocupaciones de la agenda social ecuatoriana (aunque no, todavía, de la agenda política). El número de ecuatorianas conscientes de que su vida en este país no es fácil simplemente por el hecho de ser mujeres crece día a día. Lo que ellas no sospechan es que las venezolanas la pasan mucho, pero mucho peor. A su condición de mujeres se suma su condición de emigrantes: vulnerables entre los vulnerables. Basta con hablar con ellas. Con las que pasaron por El Ejido o La Carolina, vendiendo comida, o las que sirven mesas en los restaurantes. Sus testimonios se parecen en lo esencial. Las historias se repiten…

Están las que pusieron anuncios para solicitar empleo en Internet (“Venezolana con título universitario ofrece servicios como asistente de enfermería”) y reciben una avalancha de propuestas sexuales en el más subido de los tonos.

Las que fueron citadas para una entrevista de trabajo nomás que para recibir las insinuaciones nada sutiles de un baboso que termina por ofrecerles empleo a cambio de sexo. Vaya propuesta para una mujer que necesita ese empleo desesperadamente.

Las que finalmente consiguieron un trabajo y tuvieron que dejarlo para no seguir soportando los excesos de sus jefes y sus compañeros. O porque sus empleadores las chantajeaban con el tema de la visa y ese acoso llegó a tal extremo que prefirieron vender empanadas en una esquina.

Las que dicen: “desde que llegué, casi todos los contactos y las conversaciones con hombres ecuatorianos giran alrededor de sus intentos por llevarme a la cama”.

Las que repiten: “es que los ecuatorianos piensan que todas las venezolanas somos putas, pues”. Una idea más común de la que se cree y que comparten muchas mujeres de este país con el gen machista bien instalado en el cerebro.

Las que directamente reciben ofertas de dinero cuando van caminando por la calle. Las que ya se cansaron de oír frases del tipo “M’hijita rica, cuánto cobra”.

Las que no saben a qué atenerse porque el acoso puede provenir de la gente más insospechada: “desde un chamo hasta alguien de mucho dinero, o alguien de poco dinero, o tipos bien vestidos, o tipos mal vestidos, o estudiantes, cualquiera pues”.

Las que se sienten disminuidas, las que quisieran volver a Venezuela pero evidentemente no pueden, las que lloran al contarlo.

Las madres solteras con un hijo al que no consiguen matricular en una escuela porque no tiene papeles, como si el derecho a la educación de los niños en este dizque “Estado de derechos” fuera un valor menos importante que los documentos de regularización. Así que no les resulta fácil trabajar porque no tienen a quién encargar el cuidado de sus hijos.

Y sí: las que se dedican a la prostitución, fueron contactadas allá por proxenetas de acá y llegaron a Quito a formar parte de una legión de chicas que anuncian sus servicios en Internet y pasan día y noche metidas en departamentos donde reciben a sus clientes. Departamentos llenos de cámaras de vigilancia que las observan las 24 horas del día. Y entregan la mitad de sus ganancias a esos ecuatorianos que vieron en la crisis de Venezuela una excelente oportunidad para lucrar con la explotación sexual de las mujeres. Caribeñas, desinhibidas, voluptuosas… Muy rentables.

Todo ello sin contar con la serie de atropellos que los venezolanos, hombres y mujeres expulsados de su país y que emprendieron la aventura de la emigración con quinientos, ochocientos o mil dólares en el bolsillo sufren a diario en las calles y en los trabajos que consiguen. La xenofobia de quienes los insultan en las calles; la explotación de los empleadores que los ponen a trabajar dos, cuatro semanas y luego los echan sin pagarles un centavo con cualquier pretexto (de estos casos hay cientos); el acoso de la Policía Metropolitana que los detiene y les confisca la mercadería que venden en la calle…

Huyen de la escasez, de la inseguridad, de la violencia, de los motoristas armados, de las ruinas de un país quebrado… Y vienen a dar con esto en un Ecuador que se jacta de su hospitalidad, de su solidaridad, de su amabilidad para con los extranjeros.

Abuso de poder puro y duro. Explotación de los más débiles. Violencia machista impune y sistemática. El que no tiene papeles, el que no tiene dinero, el que está desesperado por conseguir un empleo, el que no tiene cómo defenderse está jodido en este “Estado de derechos”. Peor si tiene tetas. ¿Amables, solidarios, hospitalarios? Los ecuatorianos, que adolecemos de una sospechosa obsesión por la imagen que proyectamos ante los extranjeros, deberíamos preguntar a los venezolanos que emigraron hasta acá qué opinan de nosotros. Amablemente eludirán los calificativos. Pero contarán historias que nos retratan de cuerpo entero. Que nos pintan como lo que somos: un país lleno de acomplejados, de abusadores, de arribistas, de sanguijuelas. Una manga de analfabetos gobernada por una camarilla de sinvergüenzas.

Ponemos el grito en cielo cuando escuchamos noticias de emigrantes ecuatorianos abusados en España pero aplicamos a los venezolanos el mismo trato. Y a las venezolanas, uno peor: el trato que no nos atrevemos a dar a las gringas o a las europeas; porque las gringas y las europeas tienen papeles; tienen plata o nos imaginamos que la tienen; tienen contactos, tienen una embajada de verdad, tienen prensa; tiene otro estatus, vaya. Y son rubias. Un ecuatoriano no se atrevería a preguntar a una alemana cuánto cobra. Ni en pedo, como se dice en Argentina. Es una cuestión de relaciones de poder. Es más fácil que un ecuatoriano viole y mate a una alemana (en un acto de transgresión ciega de ese poder) a que le pregunte cuánto cobra. Una venezolana, en cambio, no tiene nada. Y está más rica. La balanza del poder está a nuestro favor y no resta sino ejercerlo. El sistema que rige las relaciones de sexo y poder entre los ecuatorianos y las mujeres extranjeras dibuja a la perfección el intrincado mapa de nuestros complejos (étnicos, culturales, sociales, económicos…). Y parece que nuestros complejos tienen mucho que ver con nuestras conductas políticas.

Porque aquí, quien tiene poder abusa de él. Este es un país lleno de correítas. Autoritarios machos alfa con desplantes de gallito. Correítas de a cincuenta, diez, apenas un metro cuadrado de poder. Pero lo ejercen con el mismo desafuero con que Rafael Correa ejerció el suyo sobre los 270 mil kilómetros cuadrados que administró como corregidor de hacienda. Los ecuatorianos estamos dispuestos a soportar la autoridad de un corregidor porque ella nos autoriza a actuar como corregidores en el metro cuadrado que nos ha tocado en suerte. La tiranía correísta no fue más que un reflejo del país que la eligió, la reeligió, la soportó, la disfrutó y le sacó provecho.

Pero somos tan mojigatos que jamás llegaremos a admitirlo. Tenemos que defender la imagen que hemos construido de nosotros mismos (la de los World Travel Awards y pendejadas por el orden), así que nos falta coraje para discutir ciertas cosas. Aun para nombrarlas. Y ya es hora. Uno lee los artículos de Arturo Pérez Reverte en los que pinta a España como un país de miserables y estúpidos, “un país de mierda”, dice literalmente, y se imagina las reacciones que semejante afirmación acarrearía de ser trasladada al Ecuador. Aquí no se puede decir tal cosa, nuestros complejos no lo permitirían. ¿No se puede? Quizás esta coyuntura de postcorreísmo y vacas flacas sea el mejor momento para intentarlo. Y, puestos a intentarlo, nada mejor que empezar por esto: sí, Ecuador es un país maravilloso, como todos; y un país de mierda como pocos. El problema no es Correa, no es Odebrecht, no es siquiera Jorge Glas, que buen rayo lo parta. El problema somos todos los ciudadanos de este país de mierda.

Pregunten a las venezolanas.

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23 comentarios en “Admitámoslo: somos un país de mierda

  1. que chistoso que eres, te olvidas de que esto se debe al capitalismo duro y puro, y desde cuando se han multiplicado los correistas para que actuen así, justificas el hecho de que los que más dinero tienen son los más altaneros en este país.

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  2. Y la mitad más uno de los comentarios da la razón al cronista. Felicitaciones Roberto, provocar es la razón de ser del oficio. George Orwell decía bien que el periodismo siempre molesta a alguien. Lo demás son relaciones públicas.

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  3. Soy mujer. Ecuatoriana. Migrante. Así que tengo muchas cosas en común con las mujeres que buscas defender en tu escrito. No obstante, debo decirte que estás muy equivocado en lo que sostienes. Lo encuentro peligroso para quienes vivimos fuera del país, en especial para las mujeres migrantes que vivimos fuera del Ecuador. Hablo desde el mismo lugar de vulnerabilidad.

    Lo primero que debo decirte es que el machismo no es patrimonio de los ecuatorianos, tampoco la xenofobia.

    A donde voy, yo soy identificada como ecuatoriana. Y realmente no me gustaría alguien me de el trato que según tu artículo yo me merezco, pues provengo de un país de mierda.

    Te pongo un ejemplo de la vida real:

    Tomé un taxi, y el chofer me dijo que qué tal si yo terminaba como las turistas de Montañita, sobre todo después de las declaraciones de la Subsecretaria de Turismo.
    Que íbamos a estar a mano. Aceleró el auto, me insultó, se cagó de risa de mi terror y me bajó a las puteadas diciéndome ecuatoriana de mierda.Esto en Buenos Aires. Sabes lo que sentí en ese momento, ¿no?

    Es súper fácil ser un ecuatoriano de mierda que se queda en su país de mierda, mandando a la mierda a todo el mundo. Saliendo a gritar, pero por favor, ¡vean la mierda que somos! Igual, qué te importa, ¿no? te quedas ahí y de ahí nadie te va a sacar. Nadie te puede señalar diciendo. “Ahí va el ecuatoriano de mierda!” Si al final son todos.

    Pero cuando uno vive en otro país. Sabes que si hay algo miserable en esta vida, son las generalizaciones.

    Ojalá y tengas el acierto de borrar tu artículo de mierda.

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  4. Un artículo que intenta revelar una realidad evidente, y que en lugar de sugerir soluciones, incita para variar al odio. Olvidándose por completo de todo el poder y la “educación” que tanto los programas basura, las telenovelas y la mojigata iglesia han ejercido durante ya 5 décadas y más, enfermando la mente de los latino americanos. Quizá Aguilar deba incluir por una vez en este mundo de mierda a los verdaderos culpables, a esos que nos hablan al oído diariamente y nos forman de verdad. Debería si fuera el caso recordarnos también la prepotencia de Febres Cordero con su pistola al cinto, o la de su cachorro meador. Acaso eso no fue más vergonzoso en su tiempo, acaso eso no generó más escuela de machismo y violencia que un correismo que sabemos muy bien de quienes despertó el odio. El odio ancestral colonizador.

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  5. ¿SOLO ES RESPONSABILIDAD DEL MACHO ANDINO?
    Me parece que su descripción respecto de las migrantes venezolanas al Ecuador,se corresponde con la realidad.Sin embargo, me hubiese gustado que se detenga, en analizar la responsabilidad del Correato en esta infame situación..Recuerde usted , que fue Correa quien en forma demagógica lanzo al Ecuador ante el mundo, como el primer pais que impulsa la ciudadanía universal y paralelamente expulsó a la ciudadana franco Brasileña Pick por expresar su pensamiento contrario al régimen .Artificiosamente hizo aparecer al Ecuador como el pais de las oportunidades y del buen vivir y no como la “mierda de pais” que realmente somos, despues de una década perdida tras las bambalinas de un ” Estado de Propaganda”.En resumen, estimado amigo, el problema de la migración va mas allá de despotricar contra el “Macho Andino”

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  6. ¡Hola! agradezco que haya escrito este texto, ya que me ha dado a conocer esta problemática que no sabía que viven nuestras hermanas venezolanas. Estoy sorprendidísima de los comentarios que usted ha recibido. No les haga caso, son personas que se ofenden sin darse cuenta lo que viven los demás, están acostumbrados a pasar de generación en generación lo que enseña esta sociedad patriarcal, machista, heteronormativa, xenófoba, racista, clasista… En el momento que alguien señala algo como lo que usted ha descrito y la gente salta.
    ++ Para quienes dicen “esto no ocurre aquí”, un claro ejemplo es ver la cuenta de twitter de @cholucón. Es una vergüenza y tiene diez mil seguidores que responden a sus comentarios. Por ejemplo este twit me pareció tan peligroso porque detalla la dirección exacta de donde estaban dos chicas venezolanas y hasta les tomaron fotos: https://twitter.com/cholucon/status/887689733333188609
    (Siguiendo la actitud de Correa que insta al trolcenter a cazar a los de oposición)…
    Así como cholucon, hay un montón más en los programas radiales deportivos, donde se denigran y sexualiza a TODAS las mujeres, desde los oyentes que mandan comentarios de doble sentido hasta los mismo locutores. Tristemente muchas mujeres no se quejan porque sino pierden el trabajo.
    Ser mujer en este país no es fácil, salir a la calle es un terror diario. No entiendo cómo los comentaristas de este texto no lo mencionan… Claro, quizás porque la mayoría son hombres.
    Tal como dice su texto, nadie quiere admitir cuando son machistas y todos los comentarios le dan la razón. Yo también lo he vivido cuando he señalado momentos en los que perpetúan estereotipos negativos de género, y luego me han tachado de exagerada, amargada y que no acepto chistes… pero a la larga, no han vuelto a hacer esos comentarios. Así que así hayan mil comentarios negativos sobre este tema, es importante que exista porque lleva a un diálogo importante que todos los ecuatorianos debemos tener.
    Saludos,

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  7. artículo es ridículo y lleno de complejos por decir menos, denota una amargura del escritor y resentimientos guardados que ahora trata de desahogar cuando ya no está el ex Presidente , producto de estos nuevos aires de apertura que ocacsionan la aparición de estos actos de bravuconería , muy al límite de la cobardía con un artículo insultante oculto en un tema digno de ser tratado con mayor altura.

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  8. De entrada, resulta muy difícil no aceptar el duro, real y descarnado comentario de Roberto Aguilar sobre nuestro país- aunque eso de “nuestro” es una aspiración incumplida, pues cada vez le pertenece a pocos hijos de AP y a otras alimañas.
    Hay tres frases o afirmaciones que desmienten la ingenuidad, la virginidad, candidez o inocencia de los ecuatorianos respecto a su responsabilidad sobre el nacimiento de la década de corrupción e impunidad del correato. Sin discutir la autoría de éstas,- que hay muchos enzarzados en establecerla- las cito porque le calzan muy bien al tema en cuestión :”Pueblo que soporta a un tirano, se lo merece” .”Cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece”. “La gente tiene los gobernantes que se le parecen.”
    De tal manera que es hipócrita sostener que Correa apareció por generación espontánea en la vida nacional. Como tampoco resultó inocente el nacimiento del chavismo en Venezuela. Adecos y copeianos son responsables de haber ayudado a parir al hijo de Barinas. De no haberse rifado la élites los ingresos del petróleo, que nunca lo sembraron, sino que lo depositaron en sus cuentas personales, es posible que el pajarito hubiera sido pelotero, cantante o miltar retirado. O Correa hubiese terminado como un profesor más de la Universidad San Francisco de Quito(la de los pelucones). Quizá Mr. hubiese amasado una fortuna más grande que el témpano de hielo que se desprendió de Antártida y viaja sin rumbo.
    Por acción y omisión el Ecuador sufrió una década del esperpento correísta. Poco hicieron sus habitantes, mejor dicho, nada, para dejar de vivir en el fango de la corrupción y la impunidad. Se acomodaron al abuso de poder. El acial autoritario se cebó sobre sus espaldas. Las sabatinas inocularon el torrente de odio desprendido del catecismo correísta. El cultivo del silencio permitió que sólo resuene la voz del autócrata. Un enorme bozal selló sus labios. Para qué seguir en este recuento vergonzoso.
    Los pueblos transitan por la cuerda floja del engaño cuando se compran frases como “Make America Great Again”, La marca España, Patria altiva y soberana, y otras zarandajas con que los líderes o caudillos de cualquier ideología( o ninguna) endulzan sus oídos para asaltar el poder.
    Los correítas o trumpitas van armando un país imaginario en el que el abuso contra el más débil se reparte desde el vértice a la base. Apareció Trump, y se multiplicaron los trumpitas que se sintieron autorizados a derramar la mierda del odio que estaba contenida en sus entrañas.
    La mierda se expande por el mundo cuando los pueblos eligen a los gobernantes que se les parecen. Y no cabe echarle toda la culpa a Sta. Marianita de Jesús Paredes y Flores, ni a Correa, ni a Chávez, ni a Trump. El Ecuador es un país de mierda por sus propios méritos.
    Las indefensas venezolanas son víctimas del despertar del correíta instalado en nuestros genes.Algo que no se podrá superar mientras sigamos aparentado ser el país de derechos que no somos. Negando que somos un país clasista.Autoengañándonos con un cristianismo que es puro ritual de traje dominguero. Que no se alejará el peligro de volver a elegir lo que más se nos parece. Que podría caernos un castigo divino- que nada tiene que ver con el Castigo Divino del ¿chagra? Vivanco, que debe estar supurando los oídos de los tartufos del convento llamado Ecuador- de seguir siendo un país de mierda.

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  9. No suelo comentar en los artículos de opinión, pero en éste me pareció pertinente.
    Soy venezolana y llevo cuatro meses en Guayaquil. Soy, además, especialista en género y feminismo. Y desde ambas condiciones quiero decirle al autor que agradezco la deferencia, pero quizás haya que ver las cosas desde la perspectiva correcta: nuestros países latinoamericanos (unos más que otros, sin duda) exhiben orgullosos a sus machos misóginos, los cuales se revitalizan ante la vulnerabilidad del otro, o, en este caso puntual, de la otra. Una persona que reúna las siguientes características: mujer, pobre e indocumentada, es el blanco perfecto para los infames. Y ser infame es una condición universal -que llegó a su máximo esplendor en mi país, para nuestra desventura-.
    Escritos de este tipo son necesarios para visibilizar una situación, pero también se corre el riesgo de generar excesivo rechazo, como bien puede leerse en los comentarios de los oriundos. Es cierto que en los últimos tiempos se ha denunciado con furia el feminicidio -que no “femicidio”, como suele aparecer escrito en la prensa- y, en general, la violencia contra la mujer en Ecuador, y señalar que esto aumenta en condiciones de vulnerabilidad es un valor agregado. Pero atacarse a sí mismo en tanto país sin un mínimo de tregua no genera el cambio; por el contrario, arrincona a los propios y no modifica las condiciones de las afectadas. Pienso que habría que escribir más sobre el tema, pero con mesura, señalando cuáles son esas condiciones de vulnerabilidad y de qué modo superarlas. A su vez, educando contra el machismo que tenemos todos encriptado en lo más recóndito de nuestro adn, a ver si eventualmente empezamos a reconocer al otro como nuestro igual.
    En todo caso y en nombre de mis coterráneas, agradezco la visibilización.

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  10. Eso pasa en todos los países del mundo, lamentablemente. ¿A qué viene este mea culpa? “país de mierda”. Cálmate gilazo!, en los 70s cuando los ecuatorianos migraban a Venezuela eran terrible, salvaje y brutalmente humillados y explotados. Ahora ya aparece el GRAN ANALISTA con un “mensaje a la conciencia”. Malinche del siglo XXI.

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  11. SI no les gusta este país que se larguen, que se creen que por ser venezolanas son sangre azul que son mejores que las ecuatorianas, que las ecuatorianas no son bellas. Si es tan bueno su país que hacen aquí encima con su prepotencia que se crean mas que los mismos ecuatorianos y también que haya ecuatorianos que les pongan a los venezolanos por encima de sus propios habitantes en vez de apoyar a su gente dicen pobresitos los extranjeros cuando sus parientes o amigos ecuatorianos no tienen trabajo ni que comer, si en Ecuador no apreciamos a los mismos ecuatorianos y nos valoramos en que país lo van a hacer. Que lastima que gente ecuatoriana se exprese de ese forma de su país por eso estamos como estamos por gente que su cédula dice ecuatoriano pero su corazón está en EEUU O Europa y si eres extranjero antes de hablar de mi país Ecuador lávate la boca, gente así no es bien recibida. Al Ecuador y a los ecuatorianos se nos RESPETA!

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  12. Lamentable la situación de las mujeres venezolanas, pero las ecuatorianas y todas las mujeres sufrimos acoso permanentemente y pasa desapercibido, ventajosamente como en todo lado, hay hombres y mujeres que respetan la integridad de las personas, lo cual hay que reconocer y resaltar. Ahora te toca educar especialmente con tu ejemplo, y no quedarte en la crítíca.

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  13. Cada individuo responde a diferente idiosincrasia. No mas llegar a Pallatanga o a Tandapi para perder nuestro nombre y gentilicio propio y pasar a ser llamados por todos o. casi todos los de la serranía, con el genérico de “monos” Nunca he leído, escuchado o visto a algún periodista serrano que trate el tal discriminen contra los costeños. Presumo pues que esto de llamar monos a los costeños de Ecuador en las provincias serranas de Ecuador esta bien, forma parte de su ADN. Una dama, por serlo, merece nuestro respeto en todas las circunstancias y esferas en donde se encontrare.
    Los valores no se los compra en la botica, se los inculca en el hogar y se los practica en el propio hogar y fuera de el.

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  14. Debe ser realmente difícil enfrentar el día a día en tu pellejo, es decir, debe ser duro vivir en medio de la más patética amargura y tener que dedicar tiempo-esfuerzo para aliviar el dolor que implica llevar semejante peso, semejante lastra sobre tus hombros… debe ser duro, sabes? al menos por eso, te daré un poco de crédito y trataré de entender lo que te lleva a pintar el cuadro que nos muestras… empezaré por lo más fácil e inmediato, coincido contigo en la tesis que planteas, por supuesto que somos un país de mierda, una país lleno de miserables y sabandijas, sátrapas de poca monta con la cabeza llena de complejos y nudos, delincuentes de arrabal que buscan desesperadamente salir de su miserable condición a fin de poder ofrecer un poco de paz y sosiego a su atormentada psique, y para ello, están dispuestos a todo, a cualquier bajeza, a cualquier ratería… describes bien el estereotipo de aquel personaje que en este ‘país de mierda’ abunda y prolifera, lo haces bien, quedemos en ello… pero se te olvida decir que una muestra patética e innegable de este energúmeno ‘correíta’, como tú mismo lo llamas, eres tú mismo, es tu propia imagen escondida tras tus ínfulas y aspiraciones de cronista… la pasión que eres capaz de reflejar en tus escritos no debe sino responder a la necesidad enfermiza que tienes de liberarte de los fantasmas que te acosan, que te ahogan y atormentan, porque de seguro miras todo y a todos a partir de la condición que define tu miserable subjetividad, es decir, proyectas en los demás lo que más odias de ti mismo, y tu excusa perfecta, tu fijación enfermiza, muletilla cansina que lo explica todo, es aquella que fuiste construyendo con esmero y dedicación durante todos estos años, el centro del universo, o mejor, el centro de tu miserable universo: correíta, el prepotente… pero, y el correíta que tú mismo terminas siendo? cómo evitar verlo presentarse ante nuestros ojos? con aquella desfachatez y desidia que lo caracteriza, con esa destartalada y mamarracha pretensión de niño rebelde, copia ridículamente trucha del genio inconforme e iconoclasta que no deja títere con cabeza y que ni olvida ni perdona… en fin, ese correíta que tú mismo encarnas, dónde lo pones? en qué parte de tu miserable representación lo ubicas? acaso lo olvidas? no lo sé… prefiero creer que deliberadamente intentas disfrazarlo o al menos sacarlo del cuadro, dejarlo como una especie de director oculto de este mamotreto que has armado, como los que te encanta crear, como los que son dignos de tu deprimente condición… entre los correítas que nos muestras, estás tú mismo, revolcándote y haciendo lo que mejor sabes hacer: berrinches moralistas decorados de estilo periodístico, sermones cobardes preñados de lugar comunes y referencias trilladas… pero, entre las tantas cosas que olvidas, está el hecho que confundes la parte por el todo, el acordeón con el piano, pues la ralea de capitalinos que describes como los machistas acomplejados que acosan a las mujeres venezolanas representan una parte de esta sociedad de mierda en la que tanto te apesta vivir, pero de la cual no pasas de ser una flatulencia más… claro que existen los adefesios machistas y acomplejados que tú mencionas, que se la pasan buscando la trampa, el atajo y de paso, se divierten acosando o morboseando cada trasero que ven sus asquerosos ojos… por supuesto que existen estos personajes maltrechos que tú defines como los machos andinos de metro y medio, que se dedican a aprovechar cualquier ventaja a su alcance para acosar chicas, dárselas de galanes y aparentar la hombría de la que tanto carecen… es más, abundan tanto que sus abortos suelen denunciar el ‘estado de propaganda’ y se la pasan escupiendo sus miserias a los demás… una vez más, la pseudo denuncia e inconformidad que nos escupes, sólo muestra el rostro sucio y pervertido de aquel engendro, el curuchupa odiador disfrazado de cronista que está acostumbrado a lanzar la piedra y esconder la mano, a manipular y tergiversar cualquier cosa, sobre todo los temas más delicados, como el acoso y violencia hacia la mujer, por ejemplo… acostumbrado a esconderse tras simplones y baratos insultos, como el cobarde que es, pero también como el correíta que tanto odia no poder llegar a ser, porque como dicen por ahí flatulencia improvisada disfrazada de perfume, flatulencia mismo queda… adefesio, no todos los ecuatorianos somos como los personajes de tu fantasía, no todos nos inventamos un ‘país de mierda’ para poder tener de qué hablar, ni para justificar un día más de miserable existencia, de insoportable impotencia al no tener ya a quién culpar, pues el sujeto de nuestra obsesión enfermiza ha decidido partir y dejar un océano de por medio… adefesio, si piensas que todos los hombres de este país nos dedicamos a las sarta de porquerías que tanto te gusta reproducir, tu cuadro empeora cada día y no hay luz de esperanza que pueda dar algo de alegría a esa cabecita enferma… si piensas que todos los ecuatorianos somos como el grupillo patético de capitalinos que describes, del cual ni siquiera has podido ser su gato, déjame decirte que este país ni empieza ni termina en Quito, mucho menos en el centro norte de esta ciudad… hay mucho más, adefesio, mucho más, pero tu odio siempre se ha fijado en lo que es digno de tu alma, los despojos…

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  15. yo creo que primero debemos hablar de la situación laboral de nuestra gente, el abuso de los empleadores en explotar a los trabajadores, el salario cada día más reducido, la reducción de la jornada laboral y la grave situación económica de nuestro país, yo más bien veo que los venezolanos se ubican bien, son trabajadores, lo hacen sin prejuicios, como tienen mejor presencia son mejor vistos, hay muchos que han conseguido pareja aquí, su aspecto físico juega a favor de ellos y no lo contrario como expone en su artículo, recordemos que el asilo es un derecho de primera generación consagrado universalmente, pero urge políticas migratorias, no se puede permitir el ingreso masivo de venezolanos, nuestra gente debe ser protegida,

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  16. ¿Pero porqué todos los ecuatorianos somos culpables? Vamos poniendo los puntos sobre las íes? Esa situación la han pasado también las ecuatorianas que han migrado a otros países. Y nadie está haciendo un mea culpa masivo en esas sociedades. Estúpidos con delirios xenofóbicos los hay en todos lados, pero no representan a toda la sociedad.

    Además, hay muchos casos de venezolanas que les está yendo muy bien como médico, comerciante, modelo, y demás profesiones. Escribo desde Guayaquil, y te digo que aquí nadie los margina, los consideramos gente amable, trabajadora, que ha sufrido mucho en su país de origen y que vienen – como muchos de nuestros ancestros – a buscar otra oportunidad en una ciudad que si bien es cierto, no es la Mecca de la innovación – NO LOS MALTRATA, NI LOS MARGINA. Son uno más de los millones de guayaquileños. Debe haber – sin la más minima duda – personas que los minimizan, que los ven por encima del hombro, que tienen prejuicios estúpidos rondando por sus mentes, pero la inmensa mayoría los ve casi como propios. Como ha pasado con italianos, españoles, libaneses, sirios, israelíes, chilenos y demás migrantes que han llegado a la ciudad.

    Estoy de acuerdo en que hay ecuatorianos con prejuicios, pero ¿poner en un saco a todos? ¿Porqué?

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  17. Excelente artículo que pone el dedo sobre la llaga, eso duele, molesta, nos creemos mejores porque casi llegamos a un mundial de cualquier cosa. Desde afuera nos ven como un pueblo al que elegimos al primer vendedor de sueños, irrespetuosos a las más básicas normas de convivencia. Odiamos a los gringos porque que no podemos ir sin documentos a trabajar en Estados Unidos, pero tenemos el recelo del inmigrante que pone un pie en nuestro territorio.
    El machismo es un complejo más por sentirnos que la mediocridad será nuestro acompañante de por vida y la mejor forma de desquitarnos será pelearnos por un equipo de futbol insignificante, beber hasta la inconsciencia y acosar a una mujer inmigrante.

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  18. Hipócrita artículo, hacías comentarios machistas en tus artículos de el universo y ahora te la das de muy progre

    El acoso a las venezolanas en Ecuador se daría en cualquier rincón del mundo en especial en América. No descubras el agua tibia

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