Preguntas para Mónica Hernández

Cuando Hugo Chávez le preguntó si era feminista, Rafael Correa rió nerviosamente, dijo que sí como por obligación y soltó una profunda bocanada de aire que casi le quiebra el pescuezo: Youtube no miente. Entre su risa despótica de las sabatinas y su risa nerviosa de cuando alguien más grande que él le pide cuentas media un abismo que reclama la atención de los estudiosos del lenguaje corporal: no es lo mismo mentir cuando se manda que mentir cuando se es mandado. Pero ese es tema de otro artículo. Sigue leyendo

Anuncios

El periodismo, oficio ilegítimo

La política del Estado correísta frente al periodismo y los medios de comunicación fue definida tempranamente por Fernando Alvarado como la política de la podadora. Según su visión, el periodismo es como un campo de hierba que crece incontroladamente y sin concierto, y el Estado es como el jardinero que poda a diario para mantener el terreno igualado y al ras. Se supone que el fin último de esta estrategia es mejorar el periodismo, pero a poco de cumplirse ocho años de su aplicación es difícil reconocer el menor indicio de que este objetivo se encuentre siquiera en proceso de cumplirse. El periodismo ecuatoriano no ha mejorado porque la política de la podadora implica un proceso de desprestigio y deslegitimación del oficio. Y no se puede mejorar un oficio a fuerza de declararlo ilegítimo. Sigue leyendo

Como la paja del páramo…

Para el correísmo, que a lo largo de estos años se ha servido de cualquier fanfarronería con el fin de revestirse a sí mismo de aliento legendario y calzarse las botas de la historia con mayúsculas, la inauguración de la nueva sede de Unasur con la presencia de una decena de presidentes sudamericanos sólo podía ser lo que fue: una orgía de superlativos. Rafael Correa fue arrebatado por el frenesí de la apoteosis histórica y elevó su espíritu hasta las regiones trascendentales donde el rumor de las generaciones lo contemplan. Su discurso no dio respiro. Sigue leyendo

Miseria de la semiótica

“El lenguaje de los compañeros comunistas se parece a una improbable y gigantesca maquinaria llena de engranajes, pistones y poleas, correas de transmisión, válvulas, resortes y palancas cuyo único objetivo es sacar un clavo de una pared”. Así solía discurrir Alexéi Páez, politólogo de izquierda e historiador del anarquismo ecuatoriano, en los tiempos en que se autodefinía como libertario sin que nadie se atreviera a acusarlo de neoliberal por ello. Hoy sus palabras se aplican con precisión matemática a uno de los más vistosos subproductos del lenguaje correísta en su vertiente seudoacadémica: la semiótica aplicada a la vigilancia y el control de los medios de comunicación. Sigue leyendo

La ducha escocesa de Goebbels y Correa

¿Cuál es el medio de propaganda más potente y eficaz del correísmo? Por supuesto no son las cadenas nacionales ni los noticieros de los medios estatales; no son las cuñas de la Secom ni los discursos presidenciales. ¿Cuántas veces hemos visto a la gente, en buses o tiendas de barrio, continuar con sus conversaciones cotidianas mientras Rafael Correa se desgañita en su monólogo sabatino desde el receptor de radio más cercano, aunque al día siguiente los cómputos oficiales hablen de los cientos de miles de personas que recibieron el mensaje? O sea que no, tampoco son las sabatinas con sus interminables explicaciones aburridoras e ininteligibles. Sin embargo, los picos de atención que se producen en ellas proporcionan una pista. Por ejemplo: el Presidente puede dedicar cinco minutos a explicar la teoría de las políticas contracíclicas en la economía sin captar propiamente el interés de las masas ni transmitirles un conocimiento siquiera sumario del asunto. Sólo cuando remate diciendo que el gasto público no se reducirá aunque los sufridores se sigan oponiendo y la prensa corrupta lo critique, sólo entonces habrá establecido un punto: la idea global será comprada aunque no entendida por las masas. Las palabras clave de esta transacción emocional son “sufridores” y “prensa corrupta”, y en torno a ellas se explayará Correa multiplicando gestos de desdén y fingidas sonrisas de autosuficiencia. Sigue leyendo

El día en que mandaron a Correa solito en el Hummer

El presidente de la República ha adquirido la pontificia costumbre de referirse a sí mismo en primera persona del plural: “nos complace”. Un hábito que corresponde al papel que desempeña su propia persona (y por misterio equiparable a la transustanciación, su cuerpo serenísimo) en el tinglado de representaciones del poder que acompaña sus desplazamientos. No hay mejor propaganda del correísmo que Correa mismo, de ahí que su presencia física no pueda prescindir de las solemnidades que lo distinguen del común de los mortales y de cuyo protocolario cumplimiento, como lo demostró en la última sabatina, se ocupa personalmente. Sigue leyendo

Coincidencias

Esto dijo Rafael Correa, Presidente de la República, sobre la marcha del 19 de noviembre:

“…Pueden mover mil, dos mil personas, la prensa como siempre dirá que fueron veinte mil. Ojalá no haya habido provocaciones, si las hubo se victimizarán, ya sabemos cuál es el libreto. En todo caso, compañeros, nosotros seguiremos haciendo lo que tenemos que hacer. Son los estertores de agonía sobre todo del MPD, que desapareció por falta de apoyo popular y están más violentos que nunca…”. Sigue leyendo

Hacia la desconcentración de los concentrados

“La concentración económica de los medios –tuiteó Patricio Barriga desde la Cupre– es una forma de regulación”. Dada su condición de presidente del Consejo de Regulación de los medios, debe interpretarse que la concentración de la que habla es buena por naturaleza, lo cual justifica no sólo la pertenencia de Barriga al gobierno más concentrador de diarios, canales de televisión, estaciones de radio y agencias informativas de la historia ecuatoriana, sino su pasado como presentador de noticias en el más importante de los medios concentrados de los hermanos Isaías. Debieron regularlo de lo lindo, los Isaías. De ahí su vocación. Sigue leyendo