El Presidente tiene derecho a todo. ¿Y nosotros?

En el debate público, el Presidente de la República parece haber reservado para sí el monopolio de la mentira, la infamia y la violencia. El combate contra la mentira, la infamia y la violencia que él dice haber emprendido con el fin de sanear el debate público, se refiere a la mentira, la infamia y la violencia de los otros. No a las suyas. Cuando el Presidente de la República quiere mentir, infamar o ser violento, los ciudadanos estamos en la indefensión: ni las leyes ni los aparatos de control creados por el propio correísmo pueden evitarlo. De esto hay precedentes documentados. Sigue leyendo

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Homogenizados pero bien pagados

“El pensamiento único ya nació en Ecuador”. Orlando Pérez, director del diario correísta El Telégrafo, presenció el parto y levantó acta de nacimiento en un editorial titulado de esa manera que se publicó el lunes de esta semana. ¿Dónde se encuentra según él dicho pensamiento único? Pues en la unión de “liberales de izquierda y de derecha”, comoquiera se interprete tal clasificación en estos tiempos en que Alexis Mera proclama ser de izquierda a un ritmo de siete veces por minuto. Se trata en realidad de un curioso hallazgo que debería atraer la atención de las escuelas de ciencias políticas alrededor del mundo. Sigue leyendo

El periodismo, oficio ilegítimo

La política del Estado correísta frente al periodismo y los medios de comunicación fue definida tempranamente por Fernando Alvarado como la política de la podadora. Según su visión, el periodismo es como un campo de hierba que crece incontroladamente y sin concierto, y el Estado es como el jardinero que poda a diario para mantener el terreno igualado y al ras. Se supone que el fin último de esta estrategia es mejorar el periodismo, pero a poco de cumplirse ocho años de su aplicación es difícil reconocer el menor indicio de que este objetivo se encuentre siquiera en proceso de cumplirse. El periodismo ecuatoriano no ha mejorado porque la política de la podadora implica un proceso de desprestigio y deslegitimación del oficio. Y no se puede mejorar un oficio a fuerza de declararlo ilegítimo. Sigue leyendo

Consejos domésticos con inducción

En la retaguardia del aparato de propaganda las cosas son más crudas, los mensajes más sinceros y las intenciones, desnudas. Por retaguardia del aparato de propaganda entendemos aquellos productos comunicacionales que no han sido directamente diseñados con fines de persuasión o adoctrinamiento pero, por proceder de los órganos oficiales, no se pueden sustraer a su lógica de funcionamiento. Si los noticieros de Ecuador TV se sitúan a la vanguardia de la propaganda correísta, aquella que no disimula sus fines, en la retaguardia de ese mismo aparato se ubicaría, por ejemplo, Café TV. Sigue leyendo

El periodismo correísta sí tiene quien lo premie

Entre el periodismo y la propaganda media un abismo. El primero, incluso cuando se ejerce desde una posición muy definida y más o menos explícita, ofrece a su público elementos para interpretar los hechos y tomar decisiones; la segunda, aunque se practique dentro de los límites de una decencia poco usual en estos pagos, procura a sus interlocutores una realidad ya masticada y pretende decidir por ellos. El periodismo complejiza la realidad; la propaganda la simplifica. Aparte de compartir ciertos canales y soportes físicos no hay nada en común entre ambos oficios. Sigue leyendo

Hacia la desconcentración de los concentrados

“La concentración económica de los medios –tuiteó Patricio Barriga desde la Cupre– es una forma de regulación”. Dada su condición de presidente del Consejo de Regulación de los medios, debe interpretarse que la concentración de la que habla es buena por naturaleza, lo cual justifica no sólo la pertenencia de Barriga al gobierno más concentrador de diarios, canales de televisión, estaciones de radio y agencias informativas de la historia ecuatoriana, sino su pasado como presentador de noticias en el más importante de los medios concentrados de los hermanos Isaías. Debieron regularlo de lo lindo, los Isaías. De ahí su vocación. Sigue leyendo