Los ingeniosos aliados de sus sepultureros

La última vez que se le planteó un debate público sobre su propio papel en la sociedad, diario El Comercio huyó por las ramas más altas. La Secom había ordenado al medio una rectificación que lo obligaba a publicar una mentira en su primera página, una mentira que contradecía todas las evidencias de su propia reportería, y El Comercio se allanó sin ningún tipo de refutación ni aclaración periodística, es decir: declinó su propio criterio editorial ante las imposiciones del poder y, por tanto, priorizó una conveniencia política por sobre los intereses de sus lectores. Cuando se le criticó por ese hecho, el director adjunto respondió con oscuras alusiones personales, dudosos chistes privados (¡en la página editorial!), viejos resentimientos y penosas evasivas. En otras palabras: eludió el debate. Dio por sentado que bastaba con descalificar a los críticos para desmerecer la solidez de sus argumentos:n ua manera de procesar los debates públicos que parece haber aprendido de Rafael Correa. Y pasó de agache frente al problema de fondo. ¿Cuál debe ser la respuesta ética del periodismo ante el aparato de control de la información montado por el gobierno? El Comercio se niega a responder esta pregunta. Se niega, en primer lugar, a respondérsela a sí mismo. Hoy, tras el despido de Martín Pallares, el más reconocido de sus editores y, al mismo tiempo, el más escarmentado por el correísmo, esa cuestión vuelve a plantearse. Ojalá que en esta ocasión El Comercio responda con altura. Ya no puede eludir el hecho de que su política editorial es un tema de interés público. Sigue leyendo

Una banda de matones

¿Cuántos civiles heridos dejaron las jornadas de protesta del 13 al 23 de agosto? El gobierno no se hace cargo de ninguno. Para el correísmo sólo hay policías. De policías heridos están llenos los reportes del Estado, las cadenas nacionales, los discursos oficiales… ¿Y los civiles? Vimos a los caballos y a las motocicletas policiales arremeter contra la masa de manifestantes provocando peligrosas estampidas. Vimos bombas lacrimógenas disparadas a la altura del cuerpo, vimos porrazos y patadas. Vimos gente ensangrentada y magullada. Por decenas. Pero el gobierno no las cuenta. Si para conocer el informe de la Fiscalía sobre el número de detenidos del paro nacional hubo que esperar una semana, para enterarnos de cuántos heridos dejó la represión a las protestas hizo falta preguntar en otra parte. Hoy, gracias a una investigación independiente, lo sabemos. Mejor dicho: podemos hacernos una idea. Hay 77 casos bien documentados de fracturas, politraumatismos y quemaduras, entre otros tipos de heridas, pero los autores del informe (el Colectivo de Investigación Psicosocial) piensan que son cientos. Sigue leyendo

Un análisis sobre el paro nacional que no va a gustar a nadie

Correa logró lo que quiso: desatar una guerra. Empezó a prepararse para ella en cuanto supo que habría paro nacional. Se la pasó meses reclutando y soliviantando, provocando y cascabeleando como viborita. Negándose a dar las respuestas políticas que exigen las protestas. La única respuesta que, en su limitación mental, concibe el presidente para toda disidencia activa es la guerra. Y cuando a la gente no se le ofrece otra salida que la guerra –estrategia de gobernantes desatinados o dementes– la consecuencia predecible casi siempre es ésa: la guerra. Y sí, finalmente la consiguió: el jueves 13 de agosto, día del paro nacional, el espíritu de la protesta pacífica, que había prevalecido en todas las marchas anteriores aunque Correa mienta lo contrario, fue ahogado por un grupito de irresponsables que planificó y ejecutó actos de violencia en los que se adivina un dejo de locura totalitaria. Punto para Correa. Sigue leyendo

El secuestro de Manuela Picq no ha tenido lugar

Terminó la sabatina número 437, transmitida desde Pimampiro (ánimo, sólo faltan 91), y el presidente de la República no dijo ni media palabra sobre Manuela Picq. ¡Cómo será de miserable y descarado el montaje que la Cancillería ecuatoriana y el ministerio del Interior han urdido en torno a la periodista franco-brasileña para que ni siquiera Rafael Correa quiera involucrarse! ¡Él, que en estas inmoralidades de mentir con desparpajo nos lleva la delantera a todos y ha sido capaz de hacerlo hasta por un dirigente universitario de sospechosas calificaciones! Pues en esta ocasión, ni pío. Se explica. Porque lo de Manuela Picq es una vergüenza. Lo sabemos porque su detención (violenta, ilegal, arbitraria) quedó registrada en un video de diario El Comercio. Júzguense los hechos:

  1. Manuela Picq es inocente. No hizo nada. La detuvieron a patadas en la placita de La Merced durante las protestas del jueves 13 de agosto, en las que participaba legítimamente junto con su pareja, el dirigente indígena Carlos Pérez, de Ecuarunari. Verdad es que, en el lugar donde se encontraba, un grupo de manifestantes causaba desmanes. Personas armadas con largos troncos habían improvisado un ariete y arremetían contra el cinturón de policías que, en la esquina de las calles Cuenca y Chile, impedía el paso en dirección hacia la Plaza Grande. Pero ella no participaba en estas acciones violentas, como se ve en la versión completa del video de El Comercio. Se mantenía al margen. No estaba armada. No agredía a nadie. 48 horas después de su detención, el Estado ecuatoriano no ha podido acusarla de nada. Sin embargo la van a deportar. ¿Por qué la van a deportar? Porque no tiene visa. ¿Por qué no tiene visa? Porque se la revocaron. ¿Por qué se la revocaron? Al parecer, porque fue detenida. ¿Por qué fue detenida? Obvio: ¡para deportarla! La lógica de la Cancillería y el ministerio del Interior es impecable.

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El Ecuador entre comillas

Bajo Rafael Correa vivimos una democracia entre comillas. Literalmente. Las palabras quedaron en suspenso, cambiaron de sentido y, a falta de otras, no pueden sino entrecomillarse. Cuando esto haya terminado recordaremos con asombro estos extraños tiempos en que “dictadura” se convirtió en un concepto amable, relacionado con el corazón y el buen rollito, y “derechos humanos” en uno sospechoso, asociado a golpistas y conspiradores.

Las comillas son el signo tipográfico de estos tiempos. Hay grandes cantidades de ellas en la propaganda, en los tuits de los altos funcionarios, en los discursos oficiales… Pero sobre todo las hallamos repartidas a manos llenas en la prensa gobiernista. ¿Ya leyeron El Telégrafo? Son tantas y tan disímiles las palabras entrecomilladas a diario en ese panfleto que, al leerlo, al recorrer sus supuestas informaciones, sus editoriales y sus artículos de opinión, uno se siente como caminando sobre un terreno quebradizo de significados inciertos.

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Rafael Correa busca carne de cañón

Ahora el presidente quiere que cuidemos las carreteras. Así concibe al pueblo: como una gigantesca fuerza de choque con la misión de defenderlo. ¿Qué será de hacer? ¿Habrá que formar brigadas? ¿Salir a patrullar en camionetas? ¿Repartir palo entre los revoltosos?

Para rechazar el paro nacional “en las calles, en los barrios y en las esquinas”, para recuperar la capacidad de “llenar la Plaza Grande en dos horas”, el presidente sacó a Ricardo Patiño de la Cancillería y lo mandó a cumplir las labores de reclutamiento en las que se especializó durante largos años de militancia junto a su hermano Raúl: aquellas que el correísmo entiende como el trabajo de masas de la nueva izquierda, la del siglo XXI. ¿En qué consisten? Sigue leyendo

El diálogo nacional cayó en un hueco

¿Cómo pueden hablar de diálogo si nos escamotean la información?

Lo único que no propaga el aparato de propaganda es el estado real de la economía.

Lo único que falta en las rendiciones de cuentas del Estado correísta son, cabalmente, cuentas.

Vamos a ver: ¿a cuánto asciende la deuda del Estado? ¿30 mil millones? ¿39 mil millones? Las cifras que manejan los expertos son todas hipotéticas. ¿Y los intereses? Aun más difícil de decir. Estos son los primeros de una larga lista de datos que ignoramos.

¿Cuántos años de producción petrolera ecuatoriana están ya hipotecados por contratos de venta anticipada? ¿Cómo funcionan esos contratos? Diario El Comercio se lo preguntó a Petroecuador y sigue esperando una respuesta.

Lo que parece claro es que la venta anticipada es un mecanismo para cubrir una parte del hueco que tenemos en la economía. ¿De qué tamaño es el hueco? ¿De 7 mil millones de dólares como suponen algunos? ¿Más grande? Sigue leyendo

El regreso del correísmo garrotero

Al correísmo, no hay duda, le gustan los garroteros. Desde los primeros días. En el pasado los precisaron para tomarse por asalto el Tribunal Supremo Electoral (todavía se llamaba así) o para acosar a los diputados que se oponían a la consulta popular que dio paso a la Constituyente de Montecristi. Probablemente fue el bochorno de los manteles lo que nos hizo olvidar las cosas aún más escandalosas que ocurrieron en esos días. Como cuando los garroteros correístas persiguieron a los diputados de oposición y trataron de sacarles la renuncia a golpes. ¿Se acuerdan? Habían llegado a manifestarse ante la sede legislativa y el cordón policial que la protegía, simplemente, los dejó pasar. Lo vimos por televisión. En todos los noticieros de la noche apareció el dirigente de la FEUE Marcelo Rivera, contra quien el gobierno aún no tenía queja alguna, mientras violentaba a un acalorado y sudoroso diputado del PRIAN que estaba al borde del colapso. ¡Cómo era de funcional Rivera al correísmo en ese entonces! Después, claro, vino la ruptura de su partido, el MPD, con el gobierno, así que la siguiente vez que Rivera se comportó de manera parecida (tres años después, ante el rector de la Universidad Central) lo metieron preso. Sigue leyendo

Nación cemento

En Canoa, provincia de Manabí, ya están encementando la playa: la revolución avanza. Es una manera de ser del correísmo, un concepto anticuado y poco original de desarrollo y, con certeza, un lucrativo negocio. Todo al mismo tiempo. Cuando esto haya terminado, alguien tendrá que hacer el inventario de los casos parecidos, alguien tendrá que calcular el cemento que está demás en el país. Y la plata que falta. Lindo. En Canoa, provincia de Manabí, ambas cosas –y otras más– están a la vista.

Este blog ya se refirió en una ocasión a Nación Rotonda. Así se llama un proyecto digital creado por un grupo de ciudadanos españoles aficionados a las imágenes satelitales e indignados por el despilfarro que condujo a su país a la peor crisis de su historia reciente. Básicamente es un testimonio de la gran burbuja, un esfuerzo por documentar el exceso de cemento que la codicia y el desparpajo de una gavilla de delincuentes con corbata sembró por toda la península: carreteras desproporcionadas e inservibles, ramales de viaducto inexplicables en medio de la nada, urbanizaciones fantasmas, lotizaciones de terrenos sin otro objetivo aparente que el de trazar calles, delimitar solares vacíos y gastar asfalto. Y por encima de todo, rotondas. Decenas, cientos, miles de rotondas: el mejor y más socorrido recurso para inflar un presupuesto.

Cemento demás. Cuando esto haya terminado, siguiendo el ejemplo de Nación Rotonda habrá que echar un vistazo al Ecuador desde el satélite. Sigue leyendo

El periodismo correísta golpea las puertas de los cuarteles

Pues sí, parece que los militares están inquietos. “Y es natural”. Lo dijo el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Luis Garzón, en una entrevista que pasó inadvertida durante la visita del Papa pero que, bien mirada, es una joyita. “Puede ser cierto y es natural que haya inquietud en las unidades militares”, fueron sus palabras exactas. La buena noticia es que en cada una de esas unidades hay comandantes “que están siempre informando correctamente al personal”. Rebajando las inquietudes, como quien dice. O sea que todo bien. Como esto ocurría en Gama TV, es decir, no en un medio de información sino en un órgano de propaganda, no hubo quien planteara al general las preguntas ineludibles que semejante revelación exigía, a saber: ¿qué tiene de natural que los militares estén inquietos? ¿Por qué lo están? ¿De qué clase de inquietudes estamos hablando? Para llegar allá se necesita al menos un periodista y los dos entrevistadores, Marcela Holguín y Fernando Ampuero, parece que dejaron de serlo para convertirse en fieles y cumplidores funcionarios del correísmo. Su consigna para la ocasión era obtener del general declaraciones tranquilizadoras, desmentidos categóricos, frases inocuas. Cualquier cosa que se saliera de ese guión era simple y sistemáticamente desatendida. Sigue leyendo