Otros mudos

Christoph Baumann da lecciones de ciudadanía. Uno de los actores más queridos del país es también el más radical en su sentido de independencia. ¿Puede un comediante permanecer indiferente cuando el Estado, a través de su aparato de control de la comunicación y por boca del propio Presidente de la República, deslegitima el humorismo como forma de expresar posiciones políticas y procesar conflictos sociales? Baumann cree que no. Muchos concuerdan pero guardan silencio. Él habla. Nunca se niega a una entrevista y, cuando la da, no elude los temas que otros de su oficio prefieren no tocar: “El Gobierno ya ha logrado callar a gran parte de la prensa –dijo esta semana a diario La Hora, el único que le queda a la ciudad de Quito tras el cierre de Hoy y la compra de El Comercio– pero no ha podido afectar lo que pasa en las redes sociales”. Y refiriéndose a la arremetida del Presidente contra la página humorística Crudo Ecuador: “Estas son amenazas para que las personas dejen de ridiculizar lo ridiculizable y de criticar lo criticable. La gente debe tener derecho de reírse públicamente de una persona que ha decidido ser pública. Si no, no debería haberse hecho pública”. Sigue leyendo

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