El correísmo los prefiere mercantilistas…

En 1999 los principales periódicos ecuatorianos investigaron la crisis bancaria y señalaron a los culpables; establecieron el funcionamiento del mecanismo de créditos vinculados y desenmascararon la trama de corrupción que condujo al país al desastre financiero. Hay que decirlo para que los más jóvenes se enteren y para que los mayores refresquen la memoria, quizás atrofiada a estas alturas por los perniciosos efectos de un aparato de propaganda especialista en falsificar la historia y en inventar patrañas. Y hay que repetirlo para que se grabe en las cabezas, así que ahí va de nuevo: en 1999 los principales periódicos ecuatorianos investigaron la crisis bancaria y señalaron a los culpables; establecieron el funcionamiento del mecanismo de créditos vinculados y desenmascararon la trama de corrupción que condujo al desastre financiero. No fue fácil. Diario El Comercio publicó los resultados de su investigación en una serie de entregas especiales que sacudió al país, pero los banqueros corruptos involucrados en la crisis activaron, para detenerlo, todas sus capacidades de presión incluidas algunas de corte más bien mafioso. Hubo periodistas de la sección económica de ese diario que fueron amenazados y durante un buen tiempo necesitaron la protección de guardaespaldas. Pero ni ellos ni la dirección del diario se quebraron y lo que tenía que publicarse se publicó. Eso de que los medios privados fueron cómplices de la banca corrupta es una cerdosa mentira. La verdad es que en 1999 el país pudo conocer los entretelones de la crisis gracias al coraje de la prensa escrita. Sigue leyendo

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El periodismo, oficio ilegítimo

La política del Estado correísta frente al periodismo y los medios de comunicación fue definida tempranamente por Fernando Alvarado como la política de la podadora. Según su visión, el periodismo es como un campo de hierba que crece incontroladamente y sin concierto, y el Estado es como el jardinero que poda a diario para mantener el terreno igualado y al ras. Se supone que el fin último de esta estrategia es mejorar el periodismo, pero a poco de cumplirse ocho años de su aplicación es difícil reconocer el menor indicio de que este objetivo se encuentre siquiera en proceso de cumplirse. El periodismo ecuatoriano no ha mejorado porque la política de la podadora implica un proceso de desprestigio y deslegitimación del oficio. Y no se puede mejorar un oficio a fuerza de declararlo ilegítimo. Sigue leyendo