Jordi Évole y la negligencia primermundista

El secretario general de la Administración del Ecuador, Vinicio Alvarado, en un arrebato de sinceridad que se agradece, comparó al correísmo con el fascismo de Mussolini y de Franco. Dijo que esos gobiernos, lo mismo que el suyo, tuvieron muchas cosas buenas más allá de la política; ellos también desarrollaron a sus países; ellos también construyeron carreteras. Es verdad. La bonanza económica de España durante la década de los sesenta, por ejemplo, es un mérito que nadie puede negárselo a Franco. En esos años España mantuvo un crecimiento sostenido del siete por ciento, sentó las bases de su industria y se afianzó como potencia turística mundial gracias a la inversión en infraestructura, hasta el punto en que se llegó a hablar, seguramente con exageración, de un milagro español comparable al alemán. Sigue leyendo

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El correísmo se nos metió en el cuerpo

Algo propio de las teocracias, los totalitarismos y los regímenes autoritarios basados en la propaganda es imponer un concepto universal de bien supremo y obligar a la población a aspirar a él. Semejante visión no tiene nada que ver con la democracia. Un estado democrático no es compatible con la idea de un bien supremo: los únicos valores que lo rigen son los valores republicanos, aquellos que pueden ser compartidos por todos precisamente porque no derivan de credos o supersticiones sino que están fundados en eso que Habermas llama “el uso público de la razón” y sirve para garantizar la convivencia entre distintos. “La democracia –escribe Todorov en La experiencia totalitaria– no pretende ser un estado virtuoso”: en ella “cada quien es libre de definir y de buscar el bien a su manera. La democracia es el régimen que hace posible esta búsqueda libre”. Sigue leyendo

Preguntas para Mónica Hernández

Cuando Hugo Chávez le preguntó si era feminista, Rafael Correa rió nerviosamente, dijo que sí como por obligación y soltó una profunda bocanada de aire que casi le quiebra el pescuezo: Youtube no miente. Entre su risa despótica de las sabatinas y su risa nerviosa de cuando alguien más grande que él le pide cuentas media un abismo que reclama la atención de los estudiosos del lenguaje corporal: no es lo mismo mentir cuando se manda que mentir cuando se es mandado. Pero ese es tema de otro artículo. Sigue leyendo

Un presidente en las alcantarillas

El trabajo de quien se dedica a analizar el discurso de Rafael Correa se parece a veces al de un minador de basura entre las montañas de detritus: se requiere de guantes, mascarilla y botas de siete vidas para sobrevivir a la aventura sin contaminarse de las bacterias devastadoras que acechan entre los desperdicios. Como un buceador de ruinas, como un aventurero en una tribu de pigmeos mentales, como un minero olvidado en el fondo de un socavón oscuro, irrespirable y húmedo, el analista que incursiona, por ejemplo, en las tres horas y media de monólogo sabatino, ha de investirse del aplomo y la fortaleza anímica que le permitan emerger del fondo de la alcantarilla sin ver comprometida su cordura ni afectados sus sentimientos. Sigue leyendo

Como la paja del páramo…

Para el correísmo, que a lo largo de estos años se ha servido de cualquier fanfarronería con el fin de revestirse a sí mismo de aliento legendario y calzarse las botas de la historia con mayúsculas, la inauguración de la nueva sede de Unasur con la presencia de una decena de presidentes sudamericanos sólo podía ser lo que fue: una orgía de superlativos. Rafael Correa fue arrebatado por el frenesí de la apoteosis histórica y elevó su espíritu hasta las regiones trascendentales donde el rumor de las generaciones lo contemplan. Su discurso no dio respiro. Sigue leyendo

La ducha escocesa de Goebbels y Correa

¿Cuál es el medio de propaganda más potente y eficaz del correísmo? Por supuesto no son las cadenas nacionales ni los noticieros de los medios estatales; no son las cuñas de la Secom ni los discursos presidenciales. ¿Cuántas veces hemos visto a la gente, en buses o tiendas de barrio, continuar con sus conversaciones cotidianas mientras Rafael Correa se desgañita en su monólogo sabatino desde el receptor de radio más cercano, aunque al día siguiente los cómputos oficiales hablen de los cientos de miles de personas que recibieron el mensaje? O sea que no, tampoco son las sabatinas con sus interminables explicaciones aburridoras e ininteligibles. Sin embargo, los picos de atención que se producen en ellas proporcionan una pista. Por ejemplo: el Presidente puede dedicar cinco minutos a explicar la teoría de las políticas contracíclicas en la economía sin captar propiamente el interés de las masas ni transmitirles un conocimiento siquiera sumario del asunto. Sólo cuando remate diciendo que el gasto público no se reducirá aunque los sufridores se sigan oponiendo y la prensa corrupta lo critique, sólo entonces habrá establecido un punto: la idea global será comprada aunque no entendida por las masas. Las palabras clave de esta transacción emocional son “sufridores” y “prensa corrupta”, y en torno a ellas se explayará Correa multiplicando gestos de desdén y fingidas sonrisas de autosuficiencia. Sigue leyendo

El día en que mandaron a Correa solito en el Hummer

El presidente de la República ha adquirido la pontificia costumbre de referirse a sí mismo en primera persona del plural: “nos complace”. Un hábito que corresponde al papel que desempeña su propia persona (y por misterio equiparable a la transustanciación, su cuerpo serenísimo) en el tinglado de representaciones del poder que acompaña sus desplazamientos. No hay mejor propaganda del correísmo que Correa mismo, de ahí que su presencia física no pueda prescindir de las solemnidades que lo distinguen del común de los mortales y de cuyo protocolario cumplimiento, como lo demostró en la última sabatina, se ocupa personalmente. Sigue leyendo

En el cadalso las cosas son simples

Quienes hayan asistido personalmente a una sabatina conocen el estado de agitación que se apodera del auditorio cuando se anuncian los segmentos finales del programa, aquellos que suelen ir acompañados de piezas propagandísticas de estreno producidas por la Secom para que el Presidente de la República destroce a sus oponentes y se burle de ellos: La mentira de la semana, La doble moral de la semana y La libertad de expresión ya es de todos, que Rafael Correa presenta orgullosamente como “el segmento más esperado por todos” e incluye secciones como La canallada de la semana, La caretucada de la semana, La cantinflada de la semana y cualquier otra del mismo tenor que el aparato de propaganda haya preparado para la ocasión. Sigue leyendo

Coincidencias

Esto dijo Rafael Correa, Presidente de la República, sobre la marcha del 19 de noviembre:

“…Pueden mover mil, dos mil personas, la prensa como siempre dirá que fueron veinte mil. Ojalá no haya habido provocaciones, si las hubo se victimizarán, ya sabemos cuál es el libreto. En todo caso, compañeros, nosotros seguiremos haciendo lo que tenemos que hacer. Son los estertores de agonía sobre todo del MPD, que desapareció por falta de apoyo popular y están más violentos que nunca…”. Sigue leyendo

Hacia la desconcentración de los concentrados

“La concentración económica de los medios –tuiteó Patricio Barriga desde la Cupre– es una forma de regulación”. Dada su condición de presidente del Consejo de Regulación de los medios, debe interpretarse que la concentración de la que habla es buena por naturaleza, lo cual justifica no sólo la pertenencia de Barriga al gobierno más concentrador de diarios, canales de televisión, estaciones de radio y agencias informativas de la historia ecuatoriana, sino su pasado como presentador de noticias en el más importante de los medios concentrados de los hermanos Isaías. Debieron regularlo de lo lindo, los Isaías. De ahí su vocación. Sigue leyendo